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Crisis en cerámica Neuquén: trabajadores resisten un inminente desalojo y demandan respuestas al estado

Con la planta paralizada por la falta de servicios y bajo la sombra de un remate judicial, las familias ceramistas exigen la firma de un acuerdo histórico y la aplicación del “Compre Neuquino” para salvar sus fuentes de empleo.

El fantasma de la desindustrialización y la crisis económica vuelve a golpear con dureza al parque industrial local. La situación en Cerámica Neuquén ha llegado a un punto de quiebre histórico: ante el avance de una posible orden de desalojo y el remate de la fábrica, los trabajadores han decidido volver a las calles y visibilizar su reclamo en la Ruta 7.

En comunicación con medios locales, Andrés Blanco, diputado provincial por el Frente de Izquierda y trabajador ceramista, trazó un panorama alarmante sobre el presente de la gestión obrera. “Hoy estamos pasando uno de los peores momentos de nuestra historia porque las fábricas están paralizadas. No tenemos gas, no tenemos luz”, sentenció Blanco, dejando en claro que la crisis no es solo un número en los balances financieros, sino una realidad que hoy asfixia a 107 familias que dependen de esa fuente de ingresos.

Un acuerdo que espera respuestas

El conflicto no es nuevo, pero la urgencia es absoluta. Hace casi tres años, las distintas partes involucradas en el futuro de la planta lograron sentarse a negociar una salida pacífica y productiva. El nudo central radica en un crédito hipotecario que la antigua patronal tomó con el Banco Nación y nunca canceló, dejando a la fábrica como garantía.

A pesar de haber logrado articular una propuesta sólida para salvaguardar los puestos de trabajo —que incluye la subdivisión del predio—, el proceso burocrático y la falta de decisión política a nivel nacional y provincial mantienen a las familias en vilo. La amenaza de que el Estado o la Justicia avancen con el remate, liquidando el espacio y dejando a los operarios en la calle a cambio de indemnizaciones inciertas, es el escenario que los trabajadores buscan evitar a toda costa.

Desigualdad energética y el rol del estado

Uno de los reclamos más fuertes del sector es la inequidad en el reparto de subsidios. Mientras las cooperativas y fábricas recuperadas deben afrontar tarifas a precio de mercado que vuelven inviable cualquier esquema de producción, los ceramistas señalan que grandes industrias, como las vinculadas al sector petrolero, gozan de facilidades operativas garantizadas por el Estado.

Ante este escenario de ahogo financiero, la asamblea de trabajadores plantea una solución pragmática y beneficiosa para la comunidad: la reactivación productiva mediante el “Compre Neuquino”. Los ceramistas insisten en que, si el gobierno provincial adquiriera los pisos y revestimientos que ellos mismos fabrican, se podrían equipar escuelas, hospitales y planes de vivienda, generando un círculo virtuoso que mantendría viva la industria local.

La resistencia como única salida

La historia de las fábricas recuperadas en la provincia es un símbolo de lucha que trascendió fronteras. Experiencias como la de Zanón (FASINPAT), que lleva 25 años operando sin patrones tras la crisis de 2001, marcan el norte para los operarios actuales.

No están dispuestos a rendirse. Frente a la receta de vaciar las fábricas y abandonar la maquinaria al deterioro, los trabajadores de Cerámica Neuquén reafirman su compromiso de defender la gestión obrera. “Nunca pudieron demostrar en los papeles que la fábrica daba pérdidas”, recuerdan sobre los antiguos dueños, dejando en claro que la viabilidad del proyecto existe. Hoy, la pelota está en la cancha de la política: de sus firmas dependerá que 107 familias neuquinas sigan encendiendo los hornos o pasen a engrosar los índices de desocupación.

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