Con la llegada de Navidad y Año Nuevo, las celebraciones vuelven a ocupar un lugar central en hogares y espacios comunitarios. Sin embargo, junto a los festejos reaparece una problemática persistente: el uso de pirotecnia sonora, a pesar de la vigencia de la ordenanza de pirotecnia cero, que prohíbe su utilización en la ciudad. Una norma que existe, pero que año tras año no se cumple de manera efectiva.
Lejos de ser una cuestión menor, la pirotecnia genera consecuencias concretas y graves. Los estruendos afectan especialmente a niños, en particular a quienes presentan Trastorno del Espectro Autista (TEA), provocando crisis severas, miedo intenso, ansiedad y desregulación emocional.
El impacto también alcanza a adultos mayores, personas con enfermedades cardíacas, trastornos de ansiedad o antecedentes de estrés postraumático, que pueden sufrir descompensaciones frente a explosiones repentinas. A esto se suman lesiones físicas, quemaduras y accidentes domésticos, que cada año dejan víctimas, muchas veces menores de edad.
Un capítulo crítico es el de los animales. Mascotas y fauna silvestre padecen estrés extremo, pánico y desorientación. Durante las fiestas se multiplican los casos de animales extraviados, atropellados o muertos, una realidad documentada que se repite cada temporada.
La pirotecnia también representa un riesgo ambiental significativo. Genera residuos contaminantes, afecta la calidad del aire y aumenta el peligro de incendios en zonas urbanas, viviendas, áreas rurales y espacios protegidos, especialmente en un contexto de altas temperaturas y sequía.
Frente a este escenario, el llamado es claro: respetar la normativa vigente y asumir una responsabilidad social real. Celebrar sin pirotecnia no implica resignar alegría, sino optar por una celebración que no cause daño. Luces, música, encuentros familiares y actividades culturales son alternativas seguras y respetuosas.
Decir no a la pirotecnia es un acto de empatía, cuidado y madurez social. Es comprender que el verdadero espíritu de las fiestas no está en el ruido, sino en el respeto por las personas, los animales y el entorno.







