En diálogo con Rivadavia Neuquén, la investigadora Daniela Miguel analizó la paradoja de los movimientos conservadores: promueven el retroceso de derechos de género mientras sus principales referentes femeninas ocupan altos cargos de poder político.
El avance de las mujeres en la nueva derecha plantea una paradoja que resuena con fuerza en la agenda política y social contemporánea. Durante una profunda charla, la profesora de historia e investigadora de problemáticas sociales, Daniela Miguel, desgranó las contradicciones de este fenómeno global que también pisa fuerte en Argentina. Figuras femeninas con alto poder de decisión, independencia económica y nula vida tradicional promueven, paradójicamente, un modelo de sumisión y retorno al ámbito doméstico para el resto de la sociedad.
La paradoja del liderazgo conservador El movimiento de las nuevas derechas se caracteriza por una marcada ofensiva contra los derechos adquiridos por las mujeres y las diversidades. Sin embargo, sus filas están nutridas por liderazgos femeninos fuertes. Miguel señaló esta contradicción al mencionar a referentes internacionales, como Marine Le Pen, y a figuras clave del escenario nacional, quienes ejercen un poder real, pero fomentan discursos y estéticas como el de las “tradwives” (esposas tradicionales).
“Es un discurso muy contradictorio. Hoy la culpa es de las mujeres que no quieren tener hijos, cambiando totalmente el foco de las desigualdades estructurales”, analizó la investigadora. Este mensaje busca convencer de que el lugar natural de la mujer es el hogar, el cuidado de los hijos y la sumisión ante el hombre de la casa, llegando al extremo de cuestionar derechos cívicos elementales como el voto femenino, adquirido hace menos de un siglo en nuestro país.
La feminización de la pobreza como telón de fondo El análisis no se detiene en la batalla cultural o discursiva, sino que profundiza en las condiciones materiales urgentes. El modelo económico de corte neoliberal promovido por estos sectores requiere de la individualización y la ruptura de los lazos sociales solidarios. En este esquema, al retirar al Estado de la salud y la educación, las tareas de cuidado no remuneradas vuelven a recaer casi de forma exclusiva sobre las mujeres.
Esta dinámica agrava la feminización de la pobreza. Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la brecha salarial de género en Argentina supera el 25% y las mujeres presentan mayores tasas de desocupación y empleo informal que los hombres. Ante el desmantelamiento de las políticas públicas, la carga se vuelve insostenible para las mujeres de sectores populares, quienes deben asumir múltiples trabajos precarizados para garantizar la supervivencia de sus familias frente a un modelo de exclusión.
El impacto del discurso en las nuevas generaciones Uno de los puntos más alarmantes del escenario actual es la penetración de estos mensajes reaccionarios en los más jóvenes. A través de eslóganes repetitivos, cortos y vacíos de contenido en redes sociales, se instalan ideas que responsabilizan a los movimientos feministas de las crisis económicas o demográficas. Muchos jóvenes se envalentonan repitiendo consignas impulsadas por la desinformación digital, creyendo adoptar una postura de rebeldía antisistema.
El desafío actual para las instituciones democráticas y los medios de comunicación radica en desarmar estas narrativas. Detrás de la estética cuidada de las redes sociales y la promesa de un orden perdido, se esconde un andamiaje económico que necesita imperiosamente de la desigualdad estructural y la vulnerabilidad de las mujeres para poder sostenerse.






