En diálogo con Rivadavia Neuquén, Federico Sachi, secretario nacional de Masculinidades de la FALGBT+, analizó el rol de los varones en la actualidad y la urgencia de transformar los espacios de poder, los sindicatos y las dinámicas de las nuevas generaciones.
El debate sobre las nuevas masculinidades se instaló como una herramienta indispensable para erradicar las violencias y cuestionar los privilegios que históricamente sostuvieron al machismo. Ya no alcanza con mirar hacia otro lado; la coyuntura exige una revisión profunda de los mandatos sociales que dictan cómo debe comportarse un varón.
En este contexto, Federico Sachi —licenciado en Relaciones Públicas y secretario nacional de Masculinidades de la Federación Argentina LGBT+— profundizó sobre la urgencia de repensar las relaciones humanas y la empatía. “El desafío más grande de la humanidad es salir de los pronombres personales e ir a un todo, poder mirarnos a los ojos y ver al otro como una persona”, reflexionó el especialista.

La incomodidad como punto de partida
Para Sachi, el trabajo de deconstrucción no pasa por el señalamiento punitivo, sino por interpelar de forma directa las conductas cotidianas. “Mi objetivo fundamental es que el varón se vaya incómodo de ese encuentro, que se vaya haciéndose preguntas”, aseguró.
La propuesta invita a revisar esos mandatos que fueron naturalizados durante décadas. Implica preguntarse qué tipo de varón se quiere representar en la sociedad, qué modelo se le transmite a las infancias y cómo empezar a habitar las emociones sin el peso de la represión impuesta por el sistema patriarcal.
El trabajo en sindicatos y espacios históricamente masculinos
El abordaje de estos temas comenzó a ganar terreno en ámbitos donde la rudeza, la competencia y la demostración de fuerza solían ser la norma irrefutable. Durante la entrevista, se destacó la apertura de intervenciones realizadas en gremios de peso en la región, como el sindicato petrolero y la UOCRA, así como el trabajo articulado con comisiones de mujeres trabajadoras.
En Argentina, según datos recientes de observatorios de violencia de género, se registra un femicidio cada 29 horas, una cifra alarmante que vuelve imperiosa la necesidad de intervenir con políticas de prevención en todos los estratos laborales y sociales. En estos entornos, la clave es romper con la discriminación sistemática, generar protocolos de protección efectivos y acompañar a quienes sufren situaciones de vulnerabilidad, asumiendo que el machismo es una conducta aprendida que se puede y se debe desaprender.
El silencio cómplice y las “manadas”
Uno de los ejes más críticos del análisis giró en torno a la dinámica de las “manadas” y la complicidad corporativa entre varones. Sachi advirtió sobre el refugio que muchos encuentran en el grupo para avalar conductas de acoso, abuso o cosificación. El miedo al señalamiento de los pares —el temor a ser tildado de “pollerudo”, “puto” o “marica” si se cuestiona al líder del grupo— es el motor que perpetúa estas violencias.
“La complicidad es violencia”, sentenció de manera contundente. Para que las estructuras de abuso se mantengan, solo hace falta el silencio de quienes presencian los hechos y no intervienen. Si bien las juventudes traen nuevas perspectivas y una mayor sensibilidad frente a estos temas, también enfrentan el riesgo latente de consumir discursos de odio en entornos digitales, lo que exige redoblar el compromiso desde la educación, las familias y las políticas de Estado para construir una sociedad libre de violencias.







