En diálogo con Rivadavia Neuquén, la especialista en derecho informático Cecilia Melki analizó el plan pionero de la Ciudad de Buenos Aires. Por qué la infraestructura y la alfabetización digital son claves antes de implementar la inteligencia artificial en las escuelas de nuestra región.
El debate sobre la inteligencia artificial en las escuelas ya no es un escenario de ciencia ficción, sino una realidad concreta que exige respuestas institucionales. Recientemente, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) dio el primer paso al incorporar formalmente esta tecnología a su currícula escolar. Para entender el impacto de esta medida y evaluar si es replicable en nuestra región, la abogada y especialista en derecho informático, Cecilia Melki, desglosó los puntos críticos de esta transición.
En diálogo con Rivadavia Neuquén, Melki advirtió que el abordaje no puede reducirse a una simple entrega de dispositivos. “A la IA ni siquiera se la puede llamar herramienta, y te diría que difícilmente se la pueda limitar a llamársela tecnología. Hay que acostumbrarse a pensar en la existencia de algo que podríamos llamar una especie de personalidad sintética”, explicó la experta.
Alfabetización digital desde los primeros años
El programa porteño divide su estrategia según las edades de los alumnos. En los primeros ciclos de la escuela primaria, el foco no está en el uso directo, sino en la concientización. El objetivo es que los chicos comprendan qué es un algoritmo, reconozcan la presencia de la IA en internet y entiendan los riesgos asociados, como la exposición de datos personales y el grooming.
Para los últimos años de la primaria y la escuela secundaria, el modelo avanza hacia un uso más práctico e instrumental, enseñando a los jóvenes a utilizar estas plataformas como apoyo para el estudio y la investigación de otras materias. Sin embargo, la especialista enfatizó que esto requiere una supervisión humana constante para fomentar el pensamiento crítico y evitar la “IA en las sombras”. Este fenómeno ocurre cuando tanto alumnos como docentes recurren a aplicaciones generativas para resolver tareas de forma automática, copiando y pegando sin ningún tipo de análisis ni verificación previa.
Ciberseguridad y la necesidad de servidores locales
Uno de los puntos más delicados de la integración tecnológica es la privacidad. Melki fue categórica respecto a los peligros de utilizar aplicaciones comerciales abiertas dentro del aula. “Para que el uso de la IA sea seguro y utilizable institucionalmente, lo recomendable es que no se utilicen aplicaciones comerciales y que corran en espacios de internet abiertos. Tienen que tratar de utilizarse servidores locales que tengan contención respecto de la penetración que pueda haber desde afuera”, detalló.
La protección de los datos de los menores ante posibles hackeos es el riesgo más importante a mitigar, lo que exige que las instituciones dejen de depender exclusivamente de cuentas comerciales de terceros y pasen a gestionar ecosistemas digitales cerrados y vigilados por el Estado. En Argentina, los ciberataques a instituciones educativas han crecido un 35% en el último año, lo que refuerza la necesidad de blindar estas redes.
El contexto socioeconómico: ¿un modelo viable para Neuquén?
Llevar este debate a la provincia de Neuquén requiere, ineludiblemente, un baño de realidad. Antes de pensar en currículas avanzadas, es fundamental garantizar la infraestructura básica. Melki subrayó que cualquier política educativa debe partir del contexto socioeconómico de los estudiantes.
No se puede forzar el uso de la IA en comunidades donde existen vulnerabilidades estructurales, desde la falta de alimentación adecuada o contextos de violencia intrafamiliar, hasta escuelas que aún sufren problemas de conectividad o cortes en el suministro eléctrico. Según estimaciones provinciales, más del 20% de los establecimientos rurales en Neuquén todavía presentan déficits de conexión a internet de banda ancha.
El desafío para el sistema educativo neuquino es doble: por un lado, observar los aciertos y errores de CABA para no quedar rezagados en la alfabetización digital del futuro; por el otro, entender que la tecnología por sí sola no salva a nadie si no está acompañada de inversión real en servidores, conectividad y, sobre todo, capacitación docente.







