En diálogo con Rivadavia Neuquén, la periodista musical Agustina Líbico analizó el conmovedor tributo de Ricardo Mollo en el Teatro Flores y reflexionó sobre el impacto de la muerte del Negro Rada en diversas generaciones.
La noticia sobre la muerte del Negro Rada a sus 83 años, tras varias semanas de internación por una neumonía bilateral, sacudió los cimientos de la música rioplatense y generó una ola de reacciones en toda la escena artística. El músico uruguayo, que ya había superado un cáncer, dejó un pedido claro para su despedida: ser recordado con una sonrisa, bailando y con la gente vestida de rojo, tal como reza uno de sus temas más emblemáticos. Rubén Rada cuenta con más de 50 discos editados y un Premio Grammy a la Excelencia Musical, consolidándose como un faro ineludible de la cultura sudamericana.
El fin de semana, el dolor se transformó en celebración durante el recital número 185 de Divididos en el Teatro Flores. Allí, la banda liderada por Ricardo Mollo detuvo la potencia de su habitual “aplanadora” para dedicarle unas sentidas palabras. “Fue un momento muy emotivo, unas palabras hermosas por parte de Mollo, que es un tipazo, hablándole a otro tipazo”, relató la periodista musical Agustina Líbico en la entrevista radial, destacando el profundo carisma que caracterizaba al percusionista y cantante.

Un artista sin barreras generacionales
Uno de los rasgos más potentes del legado de Rada fue su apertura mental y artística. A lo largo de su carrera, nunca se encasilló ni permitió que el candome fuera su único límite. Líbico, quien a sus 28 años analiza el panorama musical desde el oeste del Gran Buenos Aires, remarcó cómo Rada colaboró con naturalidad tanto con gigantes de la talla de Fito Páez o Litto Nebbia, como con exponentes actuales de la música urbana, entre ellos Trueno. “El candombe le salía de adentro, pero abarcó un montón de géneros y nunca se encasilló”, explicó.
El recambio en la escena musical
Durante la charla, también se abordó la inevitable transición que atraviesa la música actual, marcada por la partida de grandes referentes históricos. Ante una cartelera nacional e internacional que despide a sus figuras más veteranas, la periodista enfatizó la importancia de mantener la “oreja pegada” a lo nuevo. Si bien el cerebro tiende a estandarizar los ritmos modernos como el K-pop o el trap, detenerse a escuchar permite descubrir los matices y el talento genuino de las nuevas camadas que están tomando la posta.

Con la mirada puesta en el sur
En un contexto donde la autogestión y la creación de contenido digital pisan fuerte, la entrevista cerró tendiendo un puente directo con nuestra región. Desde Rivadavia Neuquén se extendió la invitación formal para que Líbico se sume a la cobertura de la próxima Fiesta Nacional de la Confluencia en febrero, un evento que año a año consolida a la capital neuquina como un epicentro ineludible para la cultura y los grandes espectáculos musicales del país.






