En diálogo con Rivadavia Neuquén, el geógrafo Javier Grosso detalló la mecánica detrás de los sismos por fracking que sacuden a la provincia y advirtió sobre el límite ambiental de la inyección de líquidos en los pozos sumideros.
Los sismos por fracking han dejado de ser un fenómeno aislado para convertirse en una parte preocupante de la cotidianidad en la provincia. Con 57 movimientos telúricos registrados en lo que va del año, localidades como Añelo, Sauzal Bonito y, más recientemente, Rincón de los Sauces, experimentan de primera mano las consecuencias de la actividad extractiva en Vaca Muerta.
El geógrafo e investigador Javier Grosso, quien lleva casi ocho años estudiando la sismicidad inducida en la región, explicó que, si bien la Tierra tiene movimientos naturales, los temblores en esta zona de la Patagonia responden a un escenario distinto: la intervención humana. En la actualidad, Neuquén concentra más del 60% de la actividad sísmica inducida de toda la Argentina.
La mecánica de los temblores en Vaca Muerta
Para entender por qué tiembla el suelo, es necesario dimensionar la magnitud del fracturamiento hidráulico. El proceso implica perforaciones que descienden hasta 3.000 metros en forma vertical y luego se extienden horizontalmente por varios kilómetros más. En estos túneles se inyectan a presión exorbitante cerca de 100 millones de litros de agua dulce, mezclados con 15.000 toneladas de arena y un cóctel de productos químicos.
“Esa inyección de químicos, agua y arena hechos lodo, esa fuerte inyección es la que genera finalmente la intervención y el desequilibrio de las tensiones geológicas”, detalló Grosso. Sin embargo, el problema principal radica en el descarte. El líquido residual de la extracción —conocido como flowback— regresa a la superficie altamente contaminado y es reinyectado en pozos sumideros. Esta sobrecarga de presión en el subsuelo es la que termina empujando y acomodando las fallas geológicas, provocando el sismo.
El impacto en las poblaciones y el subregistro oficial
Los temblores varían en intensidad, pero su impacto en la población es innegable. Grosso señaló que, aunque el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) suele publicar los eventos de magnitud superior a 2.5 en la escala de Richter, los vecinos sienten con frecuencia sismos superficiales de 2.0 o 2.4.
Una prueba de esto fue la seguidilla de movimientos registrados en Añelo entre finales de mayo y principios de junio, donde los habitantes reportaron crujidos, vibraciones en las estructuras y hasta la aparición de grietas en viviendas, un escenario que ya es conocido por los pobladores de Sauzal Bonito.
El costo hídrico y un límite ambiental ineludible
Más allá del movimiento del suelo, Grosso puso sobre la mesa otra alerta crítica: el uso irracional del agua. El sistema extrae agua de máxima pureza del río Neuquén, la contamina de manera irreversible en el proceso de fractura y la entierra en el subsuelo.
El geógrafo advirtió que estamos inyectando basura en un sistema que no es infinito. A largo plazo, la saturación del subsuelo no solo incrementará el riesgo de sismos de mayor magnitud, sino que compromete seriamente el equilibrio ambiental de la región. Frente a este panorama, las medidas estatales recientes, como el encarecimiento del canon de agua para las petroleras, resultan paliativos menores frente a un esquema de extracción que no contempla su propio límite físico.








