En diálogo con Rivadavia Neuquén, Linda Landaeta repasó su reciente participación en la escena del streaming musical y analizó las barreras que enfrentan los artistas locales para vivir de su profesión.
El presente de Linda Landaeta atraviesa un momento de gran exposición luego de su elogiada participación en “Un Poco de Ruido”, el ciclo de streaming que se convirtió en un faro para la movida tropical a nivel país. La artista neuquina viajó a Buenos Aires para presentarse en un contexto casi mágico, compartiendo la previa de un partido de la Selección Nacional y demostrando que el talento del Alto Valle está a la altura de las grandes ligas.
“Para nosotros fue una propuesta y un logro muy lindo. Es un streaming que tiene muchísimos seguidores a nivel país y donde van artistas nacionales e internacionales”, destacó la cantante sobre la experiencia, que la llevó a presentarse ante un público masivo que no la conocía.
De las raíces folclóricas a la cumbia La historia musical de la artista no comenzó con los ritmos tropicales. Inició su camino a los 8 años cantando folclore y tango, impulsada por su padre, también folclorista. Esa herencia familiar se tradujo en la conformación de una banda junto a sus cinco hermanos, donde todos aprendieron a ejecutar instrumentos por exigencia paterna.
“Mi viejo hizo una especie de grupo de los hermanos, a cada uno le empezó a enseñar un instrumento diferente y ya nos dejó solitos”, recordó entre risas. Fue recién en la adolescencia, influenciada por las tendencias de la época, cuando dio el giro hacia la cumbia, un género que hoy domina y que la posiciona como una de las referentes indiscutidas de Neuquén y Río Negro.
El complejo panorama para los artistas locales A pesar del salto de popularidad, la realidad del músico en la región sigue siendo cuesta arriba. Durante la entrevista, quedó en evidencia una problemática estructural del circuito cultural del Alto Valle: la falta de espacios rentables para tocar y la dificultad de vivir exclusivamente del arte.
La cantante reconoció que, si bien existen muchos músicos talentosos por habitante en la zona, la mayoría tiene trabajos paralelos para poder sostenerse económicamente. “Acá es muy difícil que un bar te pague, muy pocos lugares lo hacen. Tenés que vender las entradas vos, es una forma de trabajar distinta”, explicó.
Por otro lado, surgió el debate sobre las oportunidades de ser banda soporte (o “teloneros”) de artistas consagrados que llegan a la región, como Emanero. Muchas productoras no contemplan a los talentos locales o las condiciones ofrecidas no cubren ni siquiera los gastos de logística y técnica.
Pese a tener ofertas para instalarse en Buenos Aires, su decisión es firme. Prefiere seguir apostando por su carrera desde Neuquén, proyectando su música hacia el resto del país sin perder sus raíces ni alejarse de su familia, demostrando que el éxito también puede construirse desde la Patagonia.








