En diálogo con Rivadavia Neuquén, la presidenta del Colegio de Psicólogos advirtió sobre la grave crisis de expectativas en la nueva generación. La desconexión con el mercado laboral y la educación profundiza los cuadros de depresión, ansiedad y consumo problemático.
La alarmante realidad de los jóvenes ni ni —aquellos que no estudian, no trabajan ni buscan empleo de manera activa— se ha convertido en una radiografía cruda de la vulnerabilidad social que atraviesa nuestra región y el país. Lejos de ser una simple etapa de apatía, esta condición funciona como un caldo de cultivo para trastornos graves de salud mental, adicciones y una exclusión sistémica que deja a miles de pibes a la deriva.
Un reciente estudio de la Universidad de Buenos Aires (UBA) arrojó cifras contundentes: casi el 49% de los jóvenes de entre 18 y 29 años se encuentra en estado de vulnerabilidad social. Dentro de esa franja, el 20% está completamente desconectado del sistema educativo y laboral.
Radiografía de la precariedad laboral
Incluso para aquellos que logran insertarse en el mercado, el panorama no es alentador. Los datos revelan que casi el 76% de los jóvenes que trabajan lo hacen en la informalidad, sobreviviendo a base de “changas” o empleos en negro sin ningún tipo de red de contención (obra social, aportes, ART). Apenas un 18% logra acceder a un trabajo registrado.
Según estimaciones del INDEC para la región patagónica, la desocupación en la franja menor a 29 años duplica la tasa general, golpeando con mayor fuerza a los sectores de menores ingresos en los grandes aglomerados como Neuquén-Plottier.
Salud mental en jaque: apuestas online y desesperanza
La falta de horizontes claros tiene un correlato directo en el consultorio. Sabrina Contreras, licenciada en Psicología y presidenta del Colegio de Psicólogos de Neuquén, advierte que el malestar ya es crónico. “Hay algo del malestar psicológico que ya empieza a formar parte de la vida cotidiana de los jóvenes, como una habitualidad”, explica la profesional.
Este vacío existencial, sumado a la falta de educación financiera, empuja a muchos hacia el abismo de las apuestas online y las billeteras virtuales, buscando “salvarse” de manera mágica ante la imposibilidad de proyectar con un sueldo precarizado. A esto se le suman los consumos problemáticos de alcohol y drogas como vías de escape, en un escenario donde las tasas de suicidio adolescente y juvenil siguen siendo una de las principales causas de muerte violenta en el país.
El rol de la familia y el pedido de políticas públicas
¿Qué se hace cuando un hijo se encierra en su cuarto sin motivación alguna? Desde la psicología son claros: el reto constante, el estigma del “vago” o la comparación no sirven. El primer paso es desarmar el enojo y ofrecer contención real. A veces, acciones tan simples como invitar al joven a caminar, proponerle un espacio de diálogo sin juzgarlo o incentivarlo a hacer deporte pueden ser el inicio del quiebre de ese círculo vicioso.
Sin embargo, el esfuerzo familiar o la buena voluntad de los amigos tiene un techo si no hay un Estado presente. Contreras subraya la necesidad imperiosa de políticas públicas reales, programas de inserción de oficios y espacios de escucha. No se trata de voluntad individual; cuando casi la mitad de una generación queda afuera del sistema, el problema dejó de ser privado para transformarse en una emergencia pública.






