Vecinos del barrio Confluencia y autoridades policiales unen fuerzas para combatir el narcotráfico y la violencia. La comunidad y la policía están abordando el problema del microtráfico, la importancia de las denuncias anónimas y el urgente pedido de mayor intervención estatal en salud mental.
El narcotráfico en barrio Confluencia se ha convertido en el centro del debate tras los recientes episodios de violencia en la ciudad de Neuquén. Si bien las autoridades policiales aclaran que el trágico homicidio que conmocionó al barrio no está directamente ligado al narcotráfico, sino a un histórico conflicto entre dos familias, los vecinos aprovechan la atención para visibilizar un problema subyacente: el alarmante avance del microtráfico.
La policía y la comunidad coinciden en que la venta de drogas es un flagelo que requiere atención urgente, aunque difieren en los enfoques y en la percepción de la respuesta institucional.
Nuevas modalidades y el desafío Policial
Las investigaciones policiales revelan que el narcotráfico no es estático y busca constantemente nuevas formas de operar. Recientemente, se ha detectado el uso de “encomiendas” como método para ingresar drogas a la provincia. Nelson, referente de la fuerza policial, detalla que “hace dos o tres semanas se hizo esa nota y hubieron varios resultados buenos porque la modalidad la hacían por encomienda”. Además, se ha identificado la utilización de “rutas grandes” para el transporte de sustancias ilícitas, evidenciando una red de distribución que trasciende los límites barriales.
Ante esta realidad, la policía de Neuquén no solo se enfoca en la persecución penal, sino que también busca “aportar un granito de arena” mediante charlas de prevención y concientización en los barrios. El objetivo es informar a la comunidad y prevenir el inicio del consumo, especialmente entre los más jóvenes.
El reclamo por la Salud Mental y el abandono institucional
La contracara de la investigación policial es el drama humano que se vive en las calles de Confluencia. Vecinos y operadores barriales alzan la voz para exigir un cambio de paradigma en el tratamiento de las adicciones. “El adicto es un adicto, es un enfermo”, afirma un vecino, cuestionando que se los trate “como un delincuente profesional” al encarcelarlos por delitos menores cometidos para sostener su consumo.
El reclamo se centra en la inacción del sistema de salud y la falta de espacios de contención. Los vecinos denuncian que en la sala de primeros auxilios del barrio “no atienden a nadie” y exigen que “salud tiene mucho que ver” y que se necesitan “profesionales que empiecen a tomar decisiones”. La falta de camas para internaciones y la escasez de recursos para la salud mental agravan una crisis que deja a las familias desamparadas frente a la adicción de sus hijos.
La denuncia ciudadana como herramienta clave
Tanto la policía como los vecinos coinciden en que la lucha contra el narcotráfico requiere de la participación ciudadana. Las autoridades instan a la comunidad a denunciar los puntos de venta de droga, asegurando que existen canales anónimos y seguros, como la aplicación “Neuquén te Cuida” y el portal del Ministerio Público Fiscal.
“La información es clave”, recalcan desde la fuerza policial. Los aportes vecinales, por mínimos que parezcan, son fundamentales para iniciar investigaciones y desarticular a los verdaderos responsables del negocio del narcotráfico. El llamado es claro: no criminalizar al consumidor, sino perseguir a quienes lucran con la enfermedad y la vulnerabilidad de la comunidad.








