La provincia con los mayores recursos energéticos del país atraviesa una alarmante crisis alimentaria en Neuquén. Trabajadoras de comedores populares denuncian que el gobierno provincial cortó el suministro de alimentos, ignoran sus reclamos y cientos de familias, incluyendo niños, se quedan sin su única comida diaria.
El contraste es brutal y doloroso. Mientras la provincia celebra inversiones millonarias y proyecta un futuro de abundancia gracias a la exportación de hidrocarburos, la realidad en los barrios periféricos expone una crisis alimentaria en Neuquén sin precedentes. A pesar de los recursos naturales que genera la región, la asistencia estatal a los sectores más vulnerables parece haber desaparecido por completo.
La situación llegó a un límite insostenible. Carmen, encargada de uno de los comedores populares que asisten a familias de bajos recursos, relató con crudeza el drama que viven a diario. Según su testimonio, la falta de alimentos no es un problema aislado de su establecimiento, sino que afecta a todos los comedores de la provincia.
Sin respuestas y con raciones mínimas
El escenario es desesperante. A pesar de haber presentado una nota formal el pasado 27 de abril exigiendo soluciones, las autoridades provinciales no han dado ningún tipo de respuesta. El silencio oficial agrava un panorama donde, literalmente, no hay comida para poner sobre la mesa.
“No hay nadie que te dé información o te diga qué está pasando. No hay alimentos en los comedores, y no es solo en el nuestro, es en todo Neuquén”, denunció Carmen, visiblemente angustiada.
La crisis no es nueva. Desde el inicio de la actual gestión gubernamental, las raciones se vieron drásticamente reducidas. En el comedor que ella coordina, donde habitualmente asisten unas 258 personas por día, las modificaciones en el menú han sido indignantes.
- Ajuste en el plato: Se eliminaron productos básicos como el pan y la fruta para los niños.
- Porciones insuficientes: El gobierno limitó las raciones, impidiendo entregar un “cucharón lleno”, lo que resulta inaceptable considerando que, para muchas personas, esa es la única comida fuerte que recibirán en todo el día.
- Menú deficiente: La asistencia se redujo, en ocasiones, a entregar únicamente repollo con una milanesa. Incluso, la intervención de nutricionistas estatales derivó en recomendaciones insólitas, como reemplazar comidas nutritivas por simples sopas o una milanesa acompañada de ensalada.
El miedo a protestar y la desconexión política
La falta de respuestas empuja a los trabajadores sociales a evaluar medidas de fuerza. Sin embargo, el temor a represalias paraliza a muchos. Carmen, quien es empleada provincial desde hace 20 años, advierte que muchos de sus compañeros no se atreven a marchar o reclamar públicamente por miedo a perder sus puestos de trabajo, ante la amenaza latente de sumarios o despidos.
Este panorama evidencia una preocupante desconexión entre la agenda política del gobierno de Rolando Figueroa —que negocia la prórroga de concesiones y el manejo de recursos por los próximos 30 años— y la urgencia de los vecinos que hoy no tienen qué comer.
Mientras los funcionarios eluden las consultas de la prensa y optan por el silencio, en los barrios de Neuquén la recomendación ante el hambre parece ser, tristemente, salir a golpear las puertas de los despachos gubernamentales hasta que alguien se digne a escuchar.








