Un grave caso de violencia machista expone las fallas del sistema preventivo. La víctima colateral denuncia agresiones constantes y falta de respuestas judiciales frente a un atacante con un violento prontuario letal.
La violencia de género en Neuquén suma un nuevo y alarmante capítulo que deja en evidencia las grietas del sistema judicial y de protección ciudadana. En esta oportunidad, el conflicto trascendió a la víctima principal para golpear directamente a su principal red de contención: su familia. Fernanda, una joven de tan solo 21 años, vive un verdadero calvario al convertirse en el blanco de reiteradas amenazas de muerte por parte de la expareja de su hermana.
El agresor, lejos de ser un victimario primerizo, posee antecedentes que encienden todas las alarmas. Según los detalles revelados en la denuncia mediática, el hombre cumplió una condena de 10 años de prisión tras haber asesinado a una persona de cinco disparos en un altercado previo. Hoy, caminando libremente por las calles, dirige su brutalidad hacia las mujeres de su entorno.
El peso del miedo y la desprotección institucional
A pesar del evidente riesgo que representa un perfil tan violento, la respuesta de las autoridades ha sido asimétrica e insuficiente. Mientras la justicia dispuso la colocación de una tobillera electrónica para el homicida, para la hermana de Fernanda y el resto del núcleo familiar quedó a la deriva. “A mí no me llegó mensaje de nadie de fiscalía, a pesar de que la que salió a hablar fui yo y el foco ahora está puesto en mí”, relató Fernanda con evidente frustración.
El nivel de hostigamiento escaló rápidamente de las agresiones verbales a los hechos concretos: daños en la propiedad privada, destrucción del teléfono móvil de la joven y agresiones físicas. Actualmente, la única medida que la separa de su atacante es una consigna policial apostada en la puerta de su vivienda, una solución temporal que la obliga a vivir encerrada mientras el agresor goza de libertad.
El entorno familiar como blanco de ataque
Este patrón de hostigamiento no es un caso aislado. Según datos de organismos especializados en violencia de género a nivel nacional, un porcentaje creciente de agresores ejerce lo que se conoce como violencia vicaria o transversal: atacar al entorno afectivo de la mujer (hijos, hermanas, padres) con el fin de aislarla, generarle culpa y quebrar su resistencia emocional. En Argentina, más del 15% de las víctimas de femicidios tenían denuncias previas que no fueron contenidas a tiempo por el Estado.
Frente a la inacción del Estado, la familia de las víctimas, decidió intervenir activamente. A través de la contratación de un abogado querellante, buscan que la justicia se haga cargo no solo de las restricciones de acercamiento urgentes, sino también de los daños civiles ocasionados durante los ataques.
“Nadie es dueño de nadie”
La naturalización de la violencia machista es el primer eslabón hacia tragedias irreparables. Frases como “te voy a matar” no pueden seguir siendo desestimadas por el sistema penal bajo la excusa de ser producto de un “impulso”. Como bien se señaló en el análisis periodístico del caso, es imperativo que las fiscalías actúen con celeridad para desactivar estos conflictos antes de que el ciclo de violencia culmine en un nuevo femicidio.
La sociedad neuquina no puede permitirse mirar hacia otro lado. Exigir respuestas rápidas, efectivas y con perspectiva de género es la única vía para garantizar que mujeres como Fernanda puedan, simplemente, caminar libres y sin miedo.
Información útil: Si sos víctima o conocés a alguien que sufre violencia de género, comunicate de manera gratuita las 24 horas, los 365 días del año, a la Línea 144. No estás sola.







