El negocio del fútbol argentino genera ingresos millonarios, pero sostiene un régimen de aportes jubilatorios diferencial que impacta negativamente sobre el sistema previsional. Según datos de la FIFA citados por La Nación, en 2024 las ventas de jugadores alcanzaron los 324 millones de dólares. No obstante, clubes y la AFA continúan beneficiándose de un esquema especial que les permite aportar significativamente menos que el resto de los empleadores.
Este régimen fue creado en 2001, en plena crisis económica, bajo el gobierno de Eduardo Duhalde. A través del decreto 1212/03, se dispuso un esquema de alícuotas sobre la venta de entradas, transferencias de jugadores y derechos televisivos, en lugar del régimen tradicional. Aunque debía ser neutral en términos de recaudación, la alícuota inicial fue de apenas 2%. Recién en 2023 llegó al 7,5%, sin lograr equilibrar el sistema: el déficit fue cubierto por el sistema jubilatorio.
Entre noviembre de 2023 y abril de 2024, la diferencia llegó a los 7.000 millones de pesos. Parte del desbalance se explica por maniobras como la venta de abonos —que no tributan— en lugar de entradas comunes, y por actividades no deportivas que quedaron exentas.
El decreto 939/24 estableció que, si no se lograba un nuevo sistema sin déficit, se volvería al régimen general. La AFA presentó una propuesta aún deficitaria y el Gobierno solicitó garantías. Sin embargo, una medida cautelar del Juzgado Contencioso Administrativo Federal N.º 6 mantuvo el beneficio vigente.
Casos como los de River Plate o Vélez Sarsfield exponen las diferencias: en 2024, el primero aportó 27.000 dólares por 1.530 empleados y declaró utilidades por 65 millones; el segundo, con 714 empleados, solo pagó 12.000 dólares frente a 28 millones de ganancia. Bajo el régimen general, habrían pagado hasta 26 veces más.
Tras el fallo judicial, el Gobierno elevó la alícuota al 13,06% mediante la Disposición 16/2025, sumando un adicional del 5,56% por 12 meses para compensar el déficit. Aun así, se advirtió que podría ser necesario un nuevo ajuste.
Mientras el sistema previsional enfrenta restricciones, el fútbol profesional argentino continúa operando bajo un régimen que lo exime de sus obligaciones reales.







