En diálogo con Rivadavia Neuquén, la especialista Luz Kunirache analizó el impacto del reciente terremoto en Perú que sacudió la región de Ayacucho. La gran profundidad del movimiento telúrico resultó clave para evitar una catástrofe en zonas de alta vulnerabilidad habitacional.
Un terremoto en Perú de magnitud 7.2 sacudió ayer la zona centro y sur del país, generando pánico pero sin dejar el rastro de destrucción que suele acompañar a estos fenómenos. Pese a la violencia del movimiento, que afectó principalmente a la región de Ayacucho, las autoridades no reportaron víctimas fatales ni el colapso de infraestructuras críticas.
La profundidad del sismo, un factor salvador
El epicentro se ubicó a unos 35 kilómetros de las zonas urbanas más pobladas de Ayacucho. Sin embargo, la clave para que la región saliera ilesa fue la naturaleza del movimiento.
Luz Kunirache, especialista en comunicación política radicada en el país andino, explicó el fenómeno: “El movimiento fue fuerte, pero ocurrió hacia la profundidad y no hacia el exterior. Esto es lo que evitó que se produjeran daños mayores o la ruptura de las carreteras”.
El temblor afectó el área de influencia de unos 18 centros poblados, pero debido a la distancia entre las viviendas y la profundidad del foco sísmico, no se registraron derrumbes. En Lima, ubicada a cientos de kilómetros, el movimiento se percibió de manera muy leve.
El riesgo latente en las zonas periféricas
Si bien el país tiene experiencia conviviendo con la actividad telúrica, la vulnerabilidad habitacional sigue siendo una bomba de tiempo. El sistema meteorológico y de prevención lanza alarmas constantes, y los simulacros son parte de la rutina ciudadana.
No obstante, Kunirache trazó un panorama preocupante sobre las afueras de la capital:
- Construcciones precarias: Gran parte de la población limeña vive hacinada en asentamientos informales ubicados en los cerros.
- Falta de infraestructura: Las viviendas no cuentan con bases sólidas ni soporte antisísmico.
- Riesgo de catástrofe: “Si nos invade un terremoto superficial en Lima, la destrucción sería fatal”, advirtió la especialista, marcando el contraste con el evento de Ayacucho.
La respuesta gubernamental ante la emergencia
El historial reciente mantiene a la población en alerta. Hace poco más de un mes, otro sismo en la región de Junín destruyó viviendas, obligando a las autoridades a intervenir rápidamente. Ante estos escenarios, la demanda de la sociedad peruana hacia el gobierno es clara: presencia estatal y soluciones rápidas.
“Es importante que la actitud sea de empatía y de solucionar, no de abandonar”, remarcó Kunirache. Además, destacó que frente a este tipo de crisis es imperativo que el Estado se movilice a través de programas de reconstrucción de viviendas y un despliegue activo de las Fuerzas Armadas y áreas de rescate para garantizar la seguridad de los damnificados.






