El divorcio en Argentina cambió drásticamente para dejar atrás los juicios eternos y dolorosos. En diálogo radial, el abogado de familia Omar César Pérez detalló el paso del control eclesiástico al “divorcio exprés”, y explicó las herramientas legales que protegen la vivienda y la economía familiar tras la ruptura.
A partir del análisis del documento sonoro registrado en el archivo 0306 Juan Justiniano.mp3, repasamos cómo las separaciones legales pasaron de ser un campo de batalla judicial a un trámite ágil centrado en la pacificación familiar.
De la prohibición absoluta a los juicios por infidelidad
Hasta el año 1987, las parejas en el país no tenían la posibilidad de disolver su vínculo matrimonial de forma legal para rehacer sus vidas. El esquema estaba regido por los tribunales eclesiásticos. La única alternativa era la separación de hecho: se dividían los bienes y los cuerpos, pero el lazo civil continuaba intacto, lo que generaba severas complicaciones patrimoniales y sociales.
En julio de ese año se dio el primer gran quiebre con la sanción de la Ley de Divorcio Vincular. Sin embargo, este modelo incorporó el requisito de la “causa”. Para lograr la separación, uno de los integrantes de la pareja debía demostrar judicialmente la culpabilidad del otro.
Las causales de culpabilidad en el viejo sistema:
- Infidelidad comprobada.
- Abandono voluntario y malicioso del hogar.
- Atentado contra la vida del cónyuge o los hijos.
- Inconductas graves que hicieran imposible la convivencia.
Este proceso convertía a los divorcios en litigios desgastantes que duraban entre 4 y 5 años. Se presentaban fotos, detectives y familiares de ambas partes que declaraban unos contra otros, destruyendo cualquier posibilidad de diálogo constructivo.
La llegada del divorcio exprés y el fin de las culpas
El panorama actual es completamente distinto. Tras la unificación y reforma del Código Civil y Comercial de la Nación, el proceso se despojó de la necesidad de buscar culpables. Hoy rige el denominado divorcio incausado o “exprés”.
Ya no importa quién tomó la decisión ni los motivos de la crisis. Tampoco se necesita que ambos firmen la demanda: basta con que uno de los dos se presente ante el juez manifestando su voluntad de no continuar casado. El magistrado simplemente le notifica a la otra parte y el divorcio se decreta de forma inevitable. Esto redujo los plazos de resolución a un período de entre una semana y cinco meses, dependiendo del juzgado.
Atribución de la vivienda y compensación económica: los dos salvavidas legales
El especialista de Cutral Co destacó que el espíritu de la normativa vigente busca que ninguna de las partes quede desamparada, especialmente cuando hay hijos menores de edad involucrados. Para ello, existen dos herramientas fundamentales que se pueden solicitar durante el proceso:
El derecho a conservar la vivienda familiar
Muchas mujeres y hombres creen que si la casa familiar fue heredada por su pareja o es un bien propio de la otra persona, perderán el techo tras la separación. La ley actual determina que si uno de los cónyuges se queda a cargo del cuidado de los hijos y no cuenta con recursos para costear un alquiler o comprar una propiedad, el juez puede otorgarle la atribución del hogar. Esto significa el derecho a continuar viviendo en esa casa, priorizando el bienestar de los menores por sobre la titularidad del inmueble.
La compensación económica por desequilibrio
Esta figura repara la desigualdad que suele producirse cuando uno de los miembros de la pareja postergó su desarrollo profesional o laboral para dedicarse exclusivamente a las tareas de cuidado y del hogar. Si al terminar el matrimonio uno de los dos queda en una situación de evidente desventaja económica respecto al progreso que logró el otro, tiene el derecho de exigir una indemnización o renta que compense ese desequilibrio.
El asesoramiento temprano con un profesional del derecho de familia es clave apenas aparecen los primeros signos de una ruptura irreversible. Conocer estos derechos de antemano evita decisiones apresuradas y garantiza una transición mucho más justa y pacífica para todo el núcleo familiar.







