En diálogo con Rivadavia Neuquén, la Psicóloga Social Antonia Campos analizó esta nueva tendencia digital y su efecto en la juventud. Advirtió sobre la desconexión familiar y la necesidad urgente de recuperar los espacios de diálogo presencial.
La creciente tendencia de farmear aura en redes sociales encendió las alarmas entre los profesionales que trabajan con jóvenes y adolescentes. Lejos de ser un simple juego digital, esta práctica expone una problemática más profunda vinculada a la falta de identidad propia y la búsqueda constante de aprobación externa.
Para entender el fenómeno que atraviesa a los chicos y jóvenes de entre 15 y 30 años, Antonia Campos, psicóloga social y referente del Movimiento Provincial de Psicólogos Sociales del Neuquén, aportó una mirada crítica sobre la actualidad de la crianza y el rol de las pantallas en la conformación de la personalidad.
De las tribus urbanas a la validación digital
Campos trazó un paralelismo entre las históricas tribus urbanas (como los floggers, emos, metaleros o punks) y la actualidad. “Es propio de atravesar una edad y querer pertenecer. La diferencia con años anteriores es que hoy está todo atravesado por la era digital”, explicó la especialista.
Mientras que en el pasado la pertenencia a un grupo se daba en espacios físicos y encuentros presenciales, hoy los jóvenes construyen su identidad en base a los likes, las interacciones en plataformas como TikTok o Instagram, y tendencias como farmear aura. Según datos de la Asociación Argentina de Psicología, más del 70% de los adolescentes vinculan su estado de ánimo directamente con la aceptación que reciben en sus perfiles sociales.
“El problema es cuando dejás de tener una identidad propia y estás todo el tiempo buscando la aprobación del resto. Estamos hablando de una autoestima que se apoya únicamente en la mirada virtual del otro”, detalló Campos.
La ausencia de los padres y el refugio en los dispositivos
Uno de los puntos más críticos de la entrevista se centró en el rol de los adultos. La psicóloga social fue categórica al señalar que muchos padres están ausentes, no solo por las exigencias laborales y el pluriempleo, sino por su propia dependencia tecnológica.
“Vemos familias donde los hijos están conectados al teléfono y se identifican más con eso que con los propios padres”, advirtió Campos. Esta desconexión se agrava cuando el adulto, frente a la demanda de tiempo, reemplaza la contención emocional por la provisión material. Además, el aislamiento y la falta de estímulos físicos pueden potenciar cuadros de ansiedad y síntomas depresivos en menores de 18 años, un índice que aumentó un 30% en el último lustro en la región patagónica.
Recuperar el diálogo: la clave para acompañar
Frente a este escenario, la referente neuquina propuso volver a las bases de los vínculos humanos. La solución, aseguró, no pasa por confrontar o estigmatizar las herramientas digitales, sino por ofrecer alternativas superadoras desde la contención familiar.
Campos recomendó a los padres generar espacios de intimidad y diálogo real. “Una caminata de una hora, un helado, tomar mates en la plaza sin el teléfono. Prestarles atención, mirarlos a los ojos y escucharlos. Esas pequeñas acciones te sacan del encierro y te conectan con lo humano”, sugirió.
Finalmente, la profesional subrayó que ninguna inteligencia artificial o tendencia virtual podrá suplantar la esencia de las emociones. “Lo que nos diferencia es la humanidad misma. Nuestros jóvenes se empapan tanto de la virtualidad porque está faltando la charla humana, el contacto y la mirada”, concluyó. Para los adultos, el desafío está planteado: levantar la vista de las pantallas para poder ver realmente a quienes tienen enfrente y ayudarlos a trazar un proyecto de vida genuino.






