Las Rosas de la Confluencia en Neuquén son un ejemplo de superación constante. A través del remo en Bote Dragón sobre el río Limay, este grupo de mujeres fomenta la rehabilitación integral, la camaradería y la importancia vital de la detección temprana.
La palabra cáncer suele generar temor e incertidumbre, pero para muchas mujeres también representa el punto de partida hacia una nueva forma de vivir y relacionarse con su cuerpo. Las Rosas de la Confluencia en Neuquén son el reflejo exacto de esta transformación sanadora. Este grupo de sobrevivientes ha encontrado en el deporte al aire libre un espacio de contención inigualable.
Una tripulación unida por la resiliencia
El equipo entrena habitualmente en las aguas del río Limay a bordo de un “Bote Dragón”. Si bien existen embarcaciones más grandes, la que ellas utilizan tiene capacidad para 10 remeras, a las que se suman un timonel para guiar el rumbo y un “dramer”, quien es el encargado de marcar el ritmo a través del sonido. Hoy en día, el grupo está conformado por ocho mujeres activas.
Para formar parte de esta poderosa iniciativa, el requisito principal es ser mujer y haber transitado un tratamiento oncológico, ya sea que se encuentren en la etapa final de recuperación o que ya cuenten con el alta médica definitiva.
Los beneficios físicos del Bote Dragón
Más allá del innegable impacto positivo en la salud emocional y en la creación de vínculos, la práctica de este deporte tiene un fin terapéutico concreto para el cuerpo. El movimiento repetitivo, coordinado y vigoroso del remo ayuda enormemente a la recuperación muscular de las pacientes. Específicamente, resulta una terapia muy recomendada para tratar el linfedema, una inflamación crónica en los brazos que suele ser secuela de las cirugías e intervenciones mamarias.
Dato de contexto: A nivel mundial, el movimiento de sobrevivientes de cáncer de mama en Botes Dragón (impulsado hoy por la IBCPC) comenzó en el año 1996 gracias a las investigaciones del doctor en medicina deportiva Don McKenzie en Canadá. Él demostró científicamente que el ejercicio del torso superior, lejos de ser perjudicial como se creía en el pasado, ayudaba a prevenir y mitigar los efectos del linfedema tras el cáncer.
Trabajo en equipo y apoyo institucional
Poner un proyecto de estas características a flote requiere de la voluntad de muchos actores. Las Rosas lograron acceder a su propia embarcación gracias a gestiones institucionales que contaron con el apoyo fundamental de Julieta Corroza (en su etapa como ministra de Deportes) y del club CEPRON, quienes escucharon la inquietud de las mujeres y facilitaron los recursos.
A su vez, la disciplina abre la puerta a un horizonte estimulante, ya que existen competencias de Bote Dragón a nivel nacional e internacional. Un caso inspirador cercano es el del equipo Rosa Fénix, que hace muy poco tiempo logró viajar a Barcelona para medirse en el exterior.
La prevención como bandera principal
A pesar de la alegría que genera remar en conjunto y del empuje deportivo, las integrantes no pierden de vista su misión más importante en la sociedad: la prevención. El mensaje fundamental que buscan transmitir a toda la comunidad es la necesidad imperiosa de no postergar la salud y realizarse los controles mamarios anuales.
Recordar de forma constante que los estudios de rutina, como la mamografía, salvan vidas al permitir una detección temprana de la enfermedad, es la verdadera meta que estas mujeres persiguen en cada palada.







