El salvaje ataque a un menor de 16 años reavivó el hartazgo vecinal en Neuquén. Con comisarías cerradas con candado y delincuentes que entran y salen, la comunidad exige respuestas urgentes a las autoridades provinciales para frenar la impunidad.
La Inseguridad en Barrio Confluencia sumó en las últimas horas un nuevo y alarmante capítulo que estuvo a centímetros de convertirse en una tragedia. Un joven de 16 años fue salvajemente atacado y apuñalado en el rostro por un hombre mayor de edad, en un hecho que dejó al descubierto no solo la violencia extrema que se vive en las calles, sino también la alarmante inoperancia de las fuerzas de seguridad locales.
El violento episodio comenzó cuando el adolescente fue enviado por su padre a realizar una compra en el barrio. Repentinamente, un sujeto de 28 años comenzó a perseguirlo sin motivo aparente. Al no conocerlo, el menor intentó huir corriendo, pero fue alcanzado, golpeado y empujado. La pesadilla continuó hasta la intersección de las calles Jorge Luis Borges y Boer, donde el joven resbaló, fue noqueado de un golpe y apuñalado, sufriendo un corte a milímetros del ojo.
El instinto de supervivencia y la rápida acción de sus familiares evitaron el desenlace fatal: la tía y el primo de la víctima escucharon los gritos, salieron a la calle, lograron empujar al agresor hacia adentro de una vivienda para contenerlo y llamaron al padre del menor para rescatarlo. Actualmente, el adolescente se recupera física y psicológicamente, con múltiples hematomas y el rostro lastimado.
Comisarías cerradas y el fantasma de la “puerta giratoria”
A la gravedad del ataque se le sumó la desidia institucional. Cuando la familia acudió a radicar la denuncia, se encontraron con que la Comisaría 19, encargada de la jurisdicción, estaba cerrada y con la puerta trabada. Esta situación generó un repudio generalizado entre los vecinos, quienes denunciaron que el barrio se ha convertido en una “zona liberada”.
El agresor, que terminó detenido por la policía, es un personaje tristemente célebre en la zona. Los residentes afirman que actúa bajo los graves efectos de las drogas, tiene delirios místicos y amenaza recurrentemente a quienes viven allí. Sin embargo, el mayor terror de la comunidad es el sistema judicial: temen que, amparado en sus adicciones o en falencias del proceso, el atacante recupere la libertad en cuestión de horas.
Dato de contexto: Históricamente, el sector sureste de la capital neuquina ha demandado una mayor inversión en infraestructura de seguridad. Las estadísticas extraoficiales y observatorios vecinales indican que la percepción de desprotección ha crecido exponencialmente en el último año, agravada por la falta de móviles y personal en las dependencias barriales.
El reclamo político
La indignación escaló al punto de apuntar directamente contra la cúpula política. Los familiares de la víctima y los vecinos presentes calificaron de “circo” las recientes visitas de funcionarios provinciales que acudieron a la zona únicamente para entregar chalecos o realizar actos de presencia, mientras la operatividad diaria de la Policía de Neuquén sigue fallando.
Hoy, Barrio Confluencia no solo pide justicia por un adolescente que casi pierde la vida haciendo un mandado, sino que exige una reestructuración de fondo. La comunidad demanda patrullajes reales, comisarías de puertas abiertas y un sistema judicial que proteja a los ciudadanos trabajadores en lugar de garantizar la impunidad de quienes los aterrorizan.








