Mientras el gobierno nacional celebra el crecimiento de Vaca Muerta en Neuquén, desde el sindicalismo de base y la izquierda denuncian la consolidación de una “zona de sacrificio”. Con la visita de Myriam Bregman como telón de fondo y la conmoción cultural por el Indio Solari, referentes sociales plantean la urgencia de democratizar los gremios y frenar la precarización laboral.
El crecimiento de Vaca Muerta en Neuquén se ha convertido en el principal estandarte económico del gobierno de Javier Milei. Con cifras que arrojan un salto interanual cercano al 12% en la provincia, el discurso oficial proyecta a la cuenca neuquina como el faro que iluminará la salida de la crisis nacional. Sin embargo, al alejar la lupa de los gráficos de Wall Street y acercarla al territorio, emerge una realidad mucho más compleja, atravesada por la precarización laboral, el pasivo ambiental y un profundo debate sobre la representación política y sindical.
Esta tensión quedó en evidencia durante la reciente gira de la referente del Frente de Izquierda, Myriam Bregman, quien arribó a la Patagonia para acompañar a los sectores combativos y plantear un modelo alternativo. Su visita coincidió con una semana de fuerte impacto emocional en las bases populares, marcada por los homenajes a la figura y el legado cultural del Indio Solari. Ambos eventos —uno político, otro cultural— sirvieron como catalizadores para desnudar las grietas del modelo actual.
¿El faro del país o una zona de sacrificio?
El relato del “derrame” económico choca de frente con las estadísticas de siniestralidad laboral y deterioro ambiental. Desde los sectores obreros advierten que los beneficios del boom hidrocarburífero y la implementación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) —apoyado por el Ejecutivo provincial— están diseñados a medida de las corporaciones multinacionales.
“La vida acá en Neuquén no es como la venden. Ese crecimiento no está derramando, lo único que está generando es una zona de sacrificio”, denuncian referentes del espacio.
Las heridas siguen abiertas en la cuenca petrolera. Episodios como la trágica explosión en la destilería NAO de Plaza Huincul, donde perdieron la vida tres trabajadores, son señalados no como “accidentes”, sino como consecuencias directas de la flexibilización laboral y la exigencia de batir récords de producción a cualquier costo. El contraste es brutal: mientras las regalías alcanzan picos históricos, las familias trabajadoras enfrentan alquileres dolarizados, inflación y riesgos letales.
La burocracia sindical en la mira
Para sostener este esquema productivo, afirman desde la izquierda, es indispensable la complicidad de las cúpulas gremiales. Las centrales sindicales tradicionales enfrentan un duro cuestionamiento por su inacción frente a la reciente reforma laboral y su tendencia a clausurar los espacios de debate en los lugares de trabajo.
El diagnóstico es contundente: muchos dirigentes llevan más de cuatro décadas atrincherados en sus sillones, transformando los estatutos en “máquinas de fabricar burócratas”.
Como antídoto, se erige el histórico modelo del Sindicato Ceramista de Neuquén. Forjado al calor de la recuperación de la fábrica Zanón (gestión en la que Bregman participó activamente como abogada) y bajo la impronta de dirigentes como Raúl Godoy, este espacio modificó sus estatutos hace 16 años para prohibir la reelección indefinida. La premisa es clara: quien dirige debe volver a su puesto de trabajo, garantizando así que la conducción no pierda contacto con la realidad del obrero.
El legado cultural frente al desprecio elitista
La política no solo se dirime en paritarias y asambleas; también es una disputa cultural. En ese sentido, el impacto generado por la figura del Indio Solari fue analizado como un símbolo de resistencia. El exlíder de los Redonditos de Ricota es reivindicado por haber visibilizado a los “invisibles” de la sociedad, entregando poesía a las masas en un país donde las élites suelen mirar a las clases populares con desdén.
“Odian todo lo que pueda representar un sentido popular”, afirman, trazando un paralelismo entre el desprecio oficial hacia las manifestaciones artísticas masivas y el ataque sistemático a la salud, la educación pública y los jubilados.
Organizar el poder desde abajo
Frente a un escenario donde el pragmatismo político suele rebajar las expectativas sociales —el “método Trump” de celebrar derrotas menos graves como si fueran victorias—, la propuesta de la izquierda en Neuquén busca patear el tablero.
El objetivo trazado durante los encuentros con Bregman no es la simple especulación electoral para 2025 o 2027, sino la creación inmediata de “comités” y asambleas de base. La meta es arrebatarle el control de las juntas internas a las burocracias sindicales para construir un gran partido de la nueva clase trabajadora. Solo así, aseguran, los neuquinos dejarán de ser espectadores del saqueo de sus recursos para convertirse en los verdaderos dueños de su destino.






