El especialista Lucas Otero derribó los mitos más comunes sobre la agresividad y la ansiedad por separación en las mascotas. “Si tu perro ladra en la calle o rompe la casa cuando te vas, el problema no es él, sos vos”, advirtió el experto.
La convivencia con una mascota puede ser idílica o transformarse en una pesadilla de ladridos, tirones de correa y muebles destrozados. Cuando los problemas aparecen, la tendencia habitual es culpar a la raza o al carácter del animal. Sin embargo, la educación canina en Neuquén está cambiando de paradigma.
En una reveladora entrevista radial, el educador canino Lucas Otero (director del centro de adiestramiento Duan Educación Canina) explicó por qué los trastornos de comportamiento de nuestros perros son, en realidad, un espejo directo de nuestras propias inseguridades, miedos y malas prácticas.
El miedo viaja por la correa
Uno de los problemas más frecuentes en la vía pública es la agresividad o “reactividad” hacia otros perros. Otero fue tajante al respecto: “El perro es nuestro reflejo. Si un perro ladra o se muestra agresivo en la calle, el 90% de las veces es porque su dueño le transmitió inseguridad”.
¿Cómo sucede esto? A través de la correa. Si el dueño se tensa, acorta la correa o se asusta al ver venir a otro perro, el animal percibe esa señal de alerta inmediata. “El perro piensa: ‘mi humano tiene miedo, tengo que defenderlo o alejar la amenaza’. Y así empieza el círculo vicioso”, detalló el especialista.
Ansiedad por separación: No es venganza, es pánico
Otro de los grandes dolores de cabeza para los dueños es llegar a casa y encontrar destrozos, sillones rotos o quejas de los vecinos por ladridos incesantes.
Otero derribó un mito fundamental: “El perro no rompe las cosas por venganza porque lo dejaste solo. Lo hace porque está sufriendo un ataque de pánico”. Este cuadro, conocido como ansiedad por separación, se origina por un hiperapego. Los dueños, muchas veces sin darse cuenta, humanizan al animal y lo vuelven completamente dependiente, incapaz de gestionar la frustración y la soledad.
La calidad del paseo y el daño de la humanización
La educación canina en Neuquén también pone el foco en las necesidades biológicas del animal. Darle comida de primera marca y un sillón cómodo no basta.
“El paseo no es para que el perro camine tres cuadras, haga sus necesidades y vuelva a entrar. El paseo es para que el perro sea perro: necesita olfatear, explorar y gastar energía mental. Un perro cansado físicamente pero aburrido mentalmente, es un perro estresado”, sentenció Otero.
Finalmente, el educador advirtió sobre el peligro de tratar a los perros como “bebés humanos”. Al humanizarlos y privarlos de su instinto natural, se les genera un daño psicológico severo, creando mascotas miedosas, inestables y propensas a desarrollar fobias.
Información extra: ¿Cuándo consultar a un educador canino?
Expertos en etología recomiendan no esperar a que los problemas se vuelvan inmanejables. Se debe buscar ayuda profesional ante los siguientes signos de alerta:
- Reactividad: Si el perro ataca o ladra descontroladamente a personas, bicicletas u otros animales.
- Protección de recursos: Si gruñe o muerde cuando alguien se acerca a su plato de comida o a sus juguetes.
- Miedos paralizantes: Fobias extremas a ruidos fuertes (pirotecnia, tormentas) que pongan en riesgo su integridad física.
- Agresividad intradomiciliaria: Conflictos territoriales graves entre perros que conviven en la misma casa.







