La directora obrera Mónica Leiva advirtió que la falta de personal y las pésimas condiciones laborales están dejando a la provincia sin fiscalización sanitaria en los ingresos. “No tenemos gas en las oficinas y no se cubre ninguna vacante”, denunció.
La crisis en el CIPPA de Neuquén (Control de Ingreso Provincial de Productos Alimenticios) expone la vulnerabilidad de uno de los sistemas más importantes para la salud pública de la provincia: el control de los alimentos que cruzan nuestras fronteras. En una cruda entrevista, Mónica Leiva, directora provincial de ATE y representante de los trabajadores del organismo, detalló un escenario de desidia administrativa, precarización laboral y un inminente colapso en la fiscalización de los puentes.
Un colador sanitario por falta de personal
El CIPPA es la primera barrera de defensa sanitaria de Neuquén. Su personal se encarga de revisar cada camión de alimentos que ingresa a la provincia. Sin embargo, hoy operan al límite de sus capacidades.
“De una planta de 220 trabajadores, tenemos más de 40 vacantes libres por renuncias, jubilaciones o fallecimientos. Esos cargos no se cubren. Los expedientes para contratar nuevo personal llevan meses congelados, y mientras tanto, la provincia se queda sin inspectores en los puentes”, advirtió Leiva.
La falta de personal no solo sobrecarga a los trabajadores activos, sino que incrementa exponencialmente el riesgo de que ingresen alimentos en mal estado o de contrabando. Además, los inspectores denuncian que muchas veces no cuentan con conexión a internet en los puestos fronterizos, lo que imposibilita verificar las guías de carga en tiempo real.
Bajos sueldos y oficinas congeladas
La fuga de cerebros y las renuncias en el CIPPA tienen una explicación clara: los bajos salarios y las pésimas condiciones laborales. Leiva fue contundente al explicar que un trabajador que recién ingresa cobra un sueldo que apenas le permite sobrevivir los primeros quince días del mes.
A esta asfixia económica se le suma la desidia estructural. “Nuestra oficina central está sin gas en pleno invierno. Tuvieron que mandar al personal a su casa porque no pueden prender estufas eléctricas. Es indignante que exijan resultados cuando ni siquiera pueden garantizar un ambiente de trabajo digno”, remarcó la dirigente sindical.
El desamparo político: Un diálogo quebrantado
El reclamo de ATE también apunta a la cúpula directiva del organismo. Leiva denunció que existe una conducción “autoritaria” por parte de la presidencia y la gerencia del CIPPA, quienes no escuchan a los trabajadores y toman decisiones de escritorio sin conocer la realidad de los puentes.
“Nos piden que controlemos, pero no nos dan las herramientas. Cuando planteamos soluciones o exigimos que se apuren los nombramientos, nos ignoran. Están vaciando un organismo que es vital para la salud de todos los neuquinos”, concluyó Leiva.
¿Por qué es vital el control del CIPPA?
Para dimensionar la importancia del organismo, es necesario recordar que Neuquén recibe diariamente cientos de toneladas de alimentos perecederos (carnes, lácteos, frutas y verduras) provenientes de otras provincias. El CIPPA es el encargado de verificar la cadena de frío, la procedencia legal y el estado sanitario de esa mercadería. Una falla en estos controles, derivada de la falta de personal, no solo facilita el contrabando comercial, sino que abre la puerta a brotes de enfermedades transmitidas por alimentos (ETA), como la salmonella, la listeria o el síndrome urémico hemolítico (SUH), poniendo en grave riesgo la salud de la población.







