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Veinte años…no es nada

El jueves 25 se cumple 20 años del descubrimiento del Giganotosaurus Carolinii.

Es considerado el dinosaurio carnívoro más grande del mundo, que desplazó de ese reinado al Tyranosuaurus Rex de Estados Unidos.

Fue hallado por Rubén Carolini el 25 de julio de 1993. Se lo nombró Giganotosaurus que significa “reptil gigante del sur” y Carolinii en honor a su descubridor.

Como parte de las celebraciones, la directora general de Patrimonio Cultural del ministerio de Gobierno, Educación y Justicia, Claudia Della Negra, brindará una charla en el museo Ernesto Bachmann de Villa El Chocón. Será a las 12 en el auditorio del museo.

La importancia del Giganotosaurus radica en el hecho de que se encontró más del 70 por ciento de los huesos, algo para nada común en el caso de los dinosaurios carnívoros. La osamenta estaba enterrada en pleno desierto, a unos 18 kilómetros de la Villa El Chocón y muy cerca del lago Ezequiel Ramos Mexía.

El animal habitó esta parte del planeta hace 100 ó 105 millones de años, en la era secundaria del periodo Cretácico Medio Inferior.

De largo midió unos 15 metros, el alto de la cadera era de 4,60 metros y -erguido- hasta la cabeza tenía unos 8 metros. Se estima que su peso no alcanzaba a las 10 toneladas; según los últimos cálculos su tara era de 9.500 kilogramos. Los dientes tenían 15 centímetros de largo y eran curvos como una daga.

La fragilidad de las piezas dentarias encontradas y analizadas por los paleontólogos refuerzan la teoría de que no era un cazador sino que comía animales muertos, sobre todo los gigantescos saurópodos, un género que en general superaba en tamaño a los carnívoros.

Tenía un cuello corto y musculoso, por lo que de un solo movimiento podía desgarrar a cualquier cosa que mordiera. La boca del Giganoto es tan grande que podría alojar sin mayores problemas a un adulto en posición fetal.

El lugar donde fueron encontrados los restos del Giganoto en la época en la que vivía el animal era surcado por arroyos y ríos muy caudalosos, protegidos por galerías de árboles del tipo de las araucarias y de las palmeras. La mayoría de los cursos de agua desembocaban en el océano Pacífico, dado que la cordillera de los Andes no existía.

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