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Uruguay resucitó de la mano de Suárez

Uruguay le ganó a Inglaterra. Hubo, por supuesto, un devenir épico en el partido. Y como en toda batalla que se precie, hubo un héroe: el goleador, Luis Alberto Suárez.

Fue 2 a 1. Dos golazos del oriental, uno de ese estupendo jugador que es Rooney. Como contexto, un partido peleado, intenso, con variantes en el dominio. Lo ganaría, como sucede fatalmente en el fútbol, el que más goles hiciera. Y ahí viene la importancia de Suárez.

En el primero, la hizo tan fácil. Fue pase de Cavani, centro pero en realidad pase a la cabeza. La tocó con la frente, la ubicó donde quiso, con calma, con frialdad asesina.

La ventaja uruguaya se prolongó lo suficiente como para pensar que así terminaría el partido. Sobre todo, después que Cavani se perdió un gol casi increíble, rematando afuera cuando enfrentaba al arquero. Sobre todo cuando Muslera parecía atajar todo, después de un remate a quemarropa de Rooney, siempre Rooney.

Fue él precisamente quien entró como una tromba para dejar parado a Cáceres y anticiparse a Muslera con un toque de izquierda para convertir el empate.

El resultado era un lío. No era para dejar contento a nadie. A Uruguay no, a Inglaterra tampoco.

Entonces apareció otra vez el héroe. Sacó el arquero, alcanzó a rozar un defensor, y la pelota que le queda por delante a Suárez, que se mete en el área, que mira dónde está el arco y dónde el arquero, que vuelve a mirar la pelota, que saca un disparo tremendo, apenas cruzado, que se aloja en la red junto con el grito de más de medio estadio.

Uruguay sigue vivo. Inglaterra está moribunda. Festeja el Río de La Plata.

 

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