Gobierno de la Provincia del Neuquén

Un logro y un desafío

Dirigida por Guillermo Scarabino –una de las glorias de la conducción musical argentina- la Orquesta Sinfónica del Neuquén se lució el viernes, interpretando la tercera sinfonía, Heroica, de Ludwig Van Beethoven, en un colmado teatro Español.

Con persistencia, la Sinfónica neuquina se ha consolidado, y Scarabino supo sacar de esta relativamente pequeña formación, el brillo y la masa sonora que toda obra de Beethoven necesita, para realzar su tremendo contenido.

El segundo movimiento, la “marcha fúnebre” de esta magnífica obra, un tramo musical que justifica por sí solo toda la grandeza de la obra de Beethoven, fue interpretado de manera magnífica por la orquesta, desde los momentos más sutiles a los más fuertes, con una alta dosis de sensibilidad.

La consolidación como institución de esta pequeña gran orquesta neuquina, implica un desafío para las autoridades políticas de la provincia, y ciertamente, un toque de atención para quienes diagraman campañas con el ánimo de gobernar a partir de 2015.

La formación fundada por Naldo Labrín, continuada por Andrés Tolcachir, y enriquecida frecuentemente por al aporte de distintos maestros, como ha sido el caso de Scarabino la pasada semana, es la repetida prueba de que se puede tener instituciones culturales de primera línea en Neuquén, y que esas instituciones pueden recibir el constante apoyo y respaldo del público, sin el cual quedarían huecas, reducidas a un entorno mezquino y elitista.

La orquesta sinfónica es uno de los pocos faros que iluminan un camino posible, para una sociedad que está sometida a fuertes presiones de crecimiento, sin que el progreso cultural –que necesita acumular años- vaya a la misma velocidad. El Estado ha demostrado ya que puede bancar una orquesta de alta calidad como la sinfónica. Ahora debe demostrar que puede hacerla crecer de tamaño, para que pueda abordar obras que exigen más instrumentos, más músicos.

El beneficioso proceso económico que puede producir la explotación no convencional de hidrocarburos, tiene en la Sinfónica un destino que debería ser inexorable. Para construir a partir de allí todas las posibilidades que lo ya existe permite augurar: grandes obras sinfónicas, abordar el género lírico, las grandes óperas; desarrollar, en fin, todas las posibilidades que puede dar el germen vivo que es la sinfónica neuquina.

Este camino posible, ya en parte demostrado con pruebas irrefutables, podrá entonces ser una opción educativa y cultural permanente, una vía para canalizar inquietudes juveniles, para potenciar las variantes creativas, para encontrar un sentido que va más allá de las cajas fuertes, los depósitos, los bonos, las acciones, los dólares.

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