Gobierno de la Provincia del Neuquén

Tras un día violento

Cuando hablan las armas, las palabras languidecen y la política muere de inanición. El estallido social que esto supone es inexorable. Puede ser distinta su magnitud, pero fatalmente ocurrirá. Es lo que aconteció este triste martes en la capital neuquina, capital de la esperanza y también meca de las contradicciones, de la convulsión permanente que garantiza el contraste entre la riqueza más desfachatada y la pobreza más obscena.

El gobierno del intendente Horacio Quiroga fogoneó el desalojo de la toma del barrio Parque Industrial todo lo que pudo. Lo hizo con convicción política: el macrismo y sus aliados entiende que lo que está por fuera de la ley no se discute. Es, paradójicamente, la aplicación de una de las verdades peronistas: dentro de la ley, todo, fuera de la ley, nada.

El MPN retardó todo lo que pudo, dentro de sus posibilidades, la ejecución de la previsible orden judicial imperativa. La policía actuó cuando ya nada se podía hacer más que auxiliar a la Justicia. Lo hizo sabiendo que de noche la toma se despoblaba, porque sus habitantes viven en realidad en casa de sus familiares, y ante el frío, solo quedaría una guardia mínima. Allí fue la policía, y el desalojo se cumplió sin inconvenientes.

El problema vino después, y allí estuvo la ausencia de cálculo, o de realidad, en los políticos neuquinos. Una parte del barrio se levantó contra el orden establecido, en favor de los más débiles. Fue una dura batalla todo el día. Llegó al corte de ruta, que se hizo con violencia ya fuera de todo control, destrozando automóviles y amenazando a personas con una fiereza que daba miedo. El bloqueo fue nuevamente levantado por acción judicial y policial. Fue un repliegue de fuerzas, entonces, hacia adentro del barrio. Con promesa de continuar la batalla.

La política quedó afuera. La política siempre queda afuera cuando la batalla impera. Un intento de mediación en el obispado, favorecido por el gremio ATE, no prosperó ante la ausencia de una parte fundamental en el conflicto, el gobierno capitalino. ATE  avanzó en la decisión de una declaración de paro para este miércoles. Después se plegó ATEN. El conflicto social alimentó a los gremios estatales, que no representan a los más pobres, pero están atentos a sus aflicciones, para jugarlas oportunamente en el tablero del intercambio del poder que cada vez más comparten.

Un silencio aterrador emanó, ominoso, desde los gobiernos. Solo hablaron políticos opositores que tuvieron la oportunidad fácil. Los que están lejos de la posibilidad concreta de mojar el pan en la leche del poder.

Esas personas, las pacíficas y las violentas, que batallaron durante el día, no están contenidos. Representan una posibilidad de conflicto incesante y grave. El estallido social latente siempre en un país con 34 por ciento de pobres.

Por eso, en la perinola del martes nadie ganó, todos perdieron. Y la gran ocupación era buscar una salida, transitoria, frágil, para seguir esperando momentos económicos mejores, en medio del desconcierto argentino.

Rubén Boggi

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