Gobierno de la Provincia del Neuquén

Sinfónica: vivir o morir

La orquesta sinfónica de Neuquén tocó en el Colón el año pasado. Basta decir eso: no había ocurrido nunca, en los 59 años que (apenas) tiene la provincia como tal, un acontecimiento doble tan importante: que hubiera una orquesta sinfónica estable, y que se presentara en el teatro más importante de Argentina, y uno de los más importantes del mundo.

La orquesta, desde que fuera fundada por el maestro Naldo Labrin, hasta este presente en el que es conducida por el maestro Andrés Tolcachir, ha trabajado incansablemente. Con músicos jóvenes, ha sido reconocida y elogiada. Es una de las instituciones culturales más importantes, por su calidad artística y su significado, de Neuquén.

Sin embargo, pareciera que no se tomara nota, en la agenda política, de su importancia. En momentos en que se habla en el gobierno provincial, y también en el gobierno capitalino (la competencia política) de impulsar como ejes centrales de desarrollo la cultura y el turismo, es impresionante observar que un pequeño sindicato, como es UTEDyC, consigue hacer tambalear conceptualmente una estructura que a nivel político todavía es endeble, pero no lo es desde su propia existencia, ya ampliamente justificada.

El sindicato se ha erigido en representante de los trabajadores (los músicos) de la orquesta, enarbolando la legitimidad como entidad gremial, cuestión que no debe discutirse, y partiendo de una situación, un despido, ocurrido el año pasado. Fue despedido un músico. La decisión fue tomada por la única entidad oficial que se hace cargo de pagar los costos de funcionamiento de la sinfónica, incluidos los salarios de cada uno de sus integrantes: la Fundación del Banco Provincia del Neuquén.

Pero el conflicto, se dice y se intenta justificar, es en la orquesta. Se murmuran razones de descontento. Se esgrime en alta voz la necesidad de hacer un reglamento. El sindicato opina y expresa, y protesta a la puerta de los conciertos, y le avisa al gobernador Omar Gutiérrez que hay un conflicto el día antes que la orquesta se presente en el auditorio de la Casa de Gobierno.

Al mismo tiempo, desde la orquesta se difunden comunicados, firmados por los músicos, en los que se dice (ya en dos oportunidades, la del concierto que inauguró la temporada y frente al concierto de este viernes en Casa de Gobierno) que no se acepta ni se avala la intervención del sindicato, porque en verdad no hay un conflicto declarado.

En verdad, lo que se observa es que hay una intención: transformar la orquesta en simplemente un grupo más de empleados de una empresa, en este caso, una Fundación vinculada estrechamente al Estado. Y esto es posible en buena medida porque se ha demorado demasiado tiempo, dentro de la corta historia de la provincia y la mucha más corta de la propia orquesta, en consolidar institucionalmente la Sinfónica. En transformarla, mediante una Ley, en una institución cultural autárquica; una institución artística del Estado, con presupuesto y conducción propia, con cargos concursados, no dependiente de los humores políticos de turno, sino afirmada en la noción de que debe haber una política de Estado para cimentar la cultura neuquina, y darle de una vez por todas la identidad que se merece.

¿Acaso se quiere matar una orquesta? Pues organice usted protestas y manifestaciones para intervenir en sus inevitables internas y peleíllas, meta el hocico en lo pequeño y mezquino, y olvide los grandes propósitos, las nobles ambiciones del futuro, y póngase entonces a tocar el bombo en la puerta de los conciertos, apostando a que esa es la cultura que nos merecemos, lejos de músicos cipayos como Beethoven, Mozart, Tchaicovsky, oscuros mensajeros de la sinarquía internacional.

Si no es esta su intención, sino por el contrario, mantener viva a la Sinfónica neuquina, pues entonces ponga blanco sobre negro, aclare los malentendidos, simplifique artificiales complejidades de relaciones humanas, y haga posible que la Sinfónica neuquina siga haciendo poner orgullosos a los habitantes de esta bendita provincia.

Rubén Boggi

 

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