Gobierno de la Provincia del Neuquén

Sin sorpresa, fracasó la paritaria docente y hay paro nacional

Esa fachada de civilización engañosa que es la paritaria docente nacional volvió a fracasar, y con ese fracaso se cayó tal vez para siempre el intento de imponer políticamente el concepto de presentismo, que los gobiernos provinciales hace tiempo buscan aplicar como sistema para tratar de hacer más eficiente un sistema educativo en decadencia, con altísimos niveles de gasto y escasa productividad.

Los gremios dijeron no al presentismo presentado como atractivo a partir de dos pagos de mil pesos cada uno, que se agregarían a la oferta de 22 por ciento de incremento en los salarios básicos. En cada provincia, por ejemplo en Neuquén, la aspiración de aumento es superior, por encima del 35 por ciento; con una exigencia fuerte en cuanto al salario mínimo inicial –no menos de 10 mil pesos se exige en la provincia gobernada por Jorge Sapag- y una cláusula de negociación permanente en función de la inestabilidad que produce la alta inflación.

Así, el gobierno nacional recurrirá a una improbable conciliación obligatoria, ya que la mayoría de los sindicatos la desconocerá; los gremios irán al paro, en principio el miércoles y jueves, días marcados para comenzar las clases; y habrá movilizaciones –el 12 una fuerte en Neuquén y Río Negro, con movilización a los puentes carreteros- incluso de alcance nacional, buscando reeditar aquella emblemática marcha federal que instaló a los maestros en el mundo del conflicto semi-permanente, en la década del ’80, cuando gobernaba el país Raúl Alfonsín, y se caía el plan Austral, y se venía la hiperinflación.

Que el conflicto sea nacional no puede ser más que beneficioso, valga la contradicción: brinda tal vez mayores posibilidades de que el tema de la tragedia educativa argentina se instale de una vez por todas promoviendo cambios que hacen falta. El sistema no va más. En Argentina ha fracasado el traspaso de las responsabilidades nacionales a las provincias. Se ha multiplicado la burocracia y se ha reducido la calidad educativa, y altísimos porcentajes de deserción sacuden las estadísticas desde hace años.

Este no es un problema para el gobierno de Cristina Fernández. Simplemente, es un problema para el país. Y es uno clave, determinante. Tal vez, el más importante que toca resolver a la timorata dirigencia política argentina.

Rubén Boggi

 

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