Gobierno de la Provincia del Neuquén

Renunció Guillermo Moreno: oxígeno para la “nueva” gestión

La renuncia de Guillermo Moreno, a partir del 2 de diciembre, con estampilla adosada hacia la agregaduría económica de la embajada de Italia, fue la noticia más impactante, y peor transmitida, que ha dado el gobierno nacional de Cristina Fernández desde el inicio de su gestión.

Alfredo Scoccimarro, el vocero presidencial, se tomó menos de un minuto para dar a conocer la novedad, y fue tan rápido, que la mayoría de los canales y radios no tomaron la noticia, que recién explotó después de unos minutos.

Fue como una bomba de efecto retardado. Era lo que casi todos hubieran querido escuchar, y no lo escucharon. Paradoja disparatada de la política argentina. La no noticia de Moreno inmediatamente se convirtió en lo que en realidad es, por ahora: oxígeno, una cantidad de oxígeno importante, para un gobierno que lo necesita, pues los tiempos son difíciles y las soluciones no abundan.

Moreno fue una especie de estandarte que, presuntamente, se enarboló continuamente en defensa del pueblo y en contra de los malvados capitalistas, llámense estos empresarios o inversores, o gobernantes poderosos de países desarrollados, o maquiavélicos representantes del resabio de la oligarquía ganadera.

Su desaparición del elenco oficial que administra el Estado argentino, y por ende muchas de las cosas privadas de cada uno de los argentinos, pues es nuestro país Estado-dependiente, aporta en principio satisfacción en todos los sectores que fueron agredidos y maltratados por el otrora poderoso secretario.

Sin embargo, sería muy ingenuo suponer que Moreno se va y todo cambia para mejor. No será así de fácil, porque Moreno no hizo lo que hizo porque a él se le ocurriera. Apenas si fue una polea de transmisión de medidas que otros pergeñaron. Moreno era el que daba la cara. Moreno casi nunca inventó nada, se limitó a ejecutar y cumplir con la obediencia debida.

Axel Kicillof, que asume en las próximas horas en una cartera de Economía con un panorama desolador, será ahora la única cara que enfrentará buenas y malas, placeres y desdichas.

Con la barrida de Moreno, Cristina Fernández se sumerge en una gran carpa de oxígeno tonificante. Kicillof, en cambio, deberá ahora respirar por ella, por Moreno y por sí mismo.

No será fácil, pero el escenario es ahora más distendido para todos. Menos, claro, para el joven camporista que deberá demostrar si sus propias expectativas y convicciones se corresponderán con los resultados que consiga (R.B).

 

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