Gobierno de la Provincia del Neuquén

Nuevos tiempos

Conversación con la vicegobernadora Ana Pechen, a poco de cumplir seis años en la Legislatura.

Ana Pechen entiende que su rol en el MPN y en el gobierno es claro en la coyuntura: ocuparse, centralmente del tema social en la provincia. Es decir, básicamente, qué hacer con la renta petrolera, cuál debe ser el papel del partido que representa, cómo enfatizar en la formación ideológica para corregir inevitables desviaciones mercantilistas de la política.

En su oficina de la Legislatura, mientras el gobernador Jorge Sapag se reúne con Jorge Capitanich en Buenos Aires, la vicegobernadora atiende asuntos de gobierno con el ministro de Economía, Omar Gutiérrez.

Apenas se desocupa, recibe a este periodista. Capta rápido que los ojos se desviaron hacia un retrato de Felipe Sapag. Vió qué lindo, dice. Lo hizo la señora de (Rodolfo) Laffite. Y posa al lado de la imagen, tras inevitables alusiones a la importancia del retratado, su decisiva influencia en la historia de Neuquén.

Pechen tiene en claro que viene una etapa crucial para el MPN. El renacimiento petrolero ha insuflado nuevas vitaminas al partido político que mejor se relacionó históricamente con la producción energética de la provincia. En el partido esto debe provocar una discusión, dice, que es más o menos la misma de siempre: cuánto participan los neuquinos en esa renta fenomenal que produce el petróleo.

A diferencias de otras épocas, afirma, la provincia ha ganado en autonomía en las decisiones que hacen a su principal producción. Y en el gobierno, se debe reconocer, hay conocimiento técnico suficiente, sobre todo en el área del ministerio de Energía, y de la empresa Gas y Petróleo del Neuquén. Pero esto, dice Pechen, no alcanza. Es necesaria la planificación, porque “no queremos una economía sobre ruedas, que extraiga el petróleo y el gas y se vaya”. No. Se pretende desarrollar una economía por fuera del petróleo. Para que haya “una oportunidad para todos”, dice. En especial, acentúa, para esa masa de jóvenes desocupados, que evidentemente, preocupa.

El periodista pregunta si está bien interpretar que lo que más la ocupa y preocupa es el tema social. Y sentencia rápidamente que sí, que así es. Y que pasa por buscar y generar opciones por fuera de la actividad petrolera.

Han pasado seis años ya de gestión, pero la sensación es que se precipita ahora el tiempo, y que estos dos años que faltan para terminar el segundo período serán cruciales. La Vicegobernadora no tiene empacho ni dudas en reafirmar que en política viene una instancia decisiva, que es la interna del MPN para renovar autoridades. Y no tiene dudas tampoco en que el presidente del partido “debe ser Jorge Sapag”.

¿Y qué hará usted? Se le pregunta. Seguir adelante, participar. “Haré política hasta la tumba”, se ríe, al reconocer que una vez que se empezó, difícil es terminar por voluntad propia. Los seis años pasados, claro, han dejado enseñanzas, dichas y desdichas. Y también un balance de las cosas importantes. Un balance que la obligan a reconocer rápidamente que es necesario hacer ajustes en el gobierno, tal vez con mayor frecuencia que en otros tiempos, porque hay más dinámica en la sociedad.

Así encuadra por ejemplo la situación del sistema de salud. “Seguimos teniendo el mejor sistema de salud de la Argentina”, reafirma. Pero al mismo tiempo marca rápidamente: se debe adecuar a las nuevas demandas. Es decir: no alcanza con hacer más hospitales, sino también ajustarse a los cambios de situación. Es el caso, dice, por ejemplo, de la salud mental, de la cuestión de las adicciones. Y es más crítica todavía con el tema educación, que es, sin duda, su fuerte. “Como en el país, ha retrocedido de manera catastrófica”, asegura. Porque por un lado es cierto que se invierte más dinero. Pero esa mayor inversión no se mide en mejores resultados.

“El gran desafío actual es incluir, pero incluir con calidad”, dice. Y reconoce que la falta de estímulos juega en contra. “Hay necesidad urgente de establecer liderazgos y una recuperación del compromiso”, tanto en Salud como en Educación, afirma. Esto, interpreta Pechen, va de la mano estrechamente con una recreación de las razones primordiales del ejercicio político. Tiene que ver con recuperar la ideología, y no sucumbir a otros intereses. ¿Al mercantilismo?  Sí, dice. Al mercantilismo.

El mozo de la Legislatura llega con otra ronda de café y mate cocido. Desde el mueble, Felipe Sapag mira como vigilando. Sí, admite Pechen. Es necesario hacer ajustes en los gobiernos, todo el tiempo. Aunque esto es más responsabilidad del Gobernador, claro. “Nos tenemos mucho respeto”, dice. “Siempre se ha respetado la independencia de poderes”, dice. Y yo practico esa independencia, reafirma.

Los aires de cambios, con ese sabor inigualable de la utopía que de pronto se puede hacer posible, han sobrevolado la conversación todo el tiempo. “Apuesto a los jóvenes, a la capacitación, a la educación como cuestión trascendente”, dice Pechen, o mejor dicho, repite. Le molesta que haya un sistema educativo que parece existir sin conciencia de sí mismo. Donde parece haber un pacto para que nada cambie.

Tal vez sea la mejor medida de que un político está vivo, activo, presente. Que haya cosas que molesten.

Sin esa molestia, posiblemente no habría política.

Rubén Boggi

 

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