Gobierno de la Provincia del Neuquén

Monumento a Felipe Sapag

El Monumento a Felipe Sapag fue inaugurado este miércoles en un emotivo acto.

Desde ahora en más, por el bulevar de la avenida Olascoaga, sin pedestal que lo levante por encima de sus conciudadanos, caminapara siempre Felipe Sapag, en la forma de un monumento que se le ha levantado.

El acto, anunciado y previsto desde hace un tiempo, convocó y unió a figuras de la política que han estado peleando los últimos años, no siempre defendiendo los mismos colores, y tuvo la virtud de evidenciar lo bien que hace recordar bien, lo beneficioso que es recordar, comparar, contextualizar.

Reunidos alrededor de la figura que camina estuvieron el gobernador actual, Jorge Sapag, la vicegobernadora Ana Pechen, los mandato cumplido Pedro Salvatori y Jorge Sobisch, el intendente capitalino, Horacio Quiroga, y una multitud de rostros conocidos de la política, algunos en funciones, otros ya jubilados, o en actividad misteriosa en procura de la infinita tentación del poder.

Allí se amontonaron contra el hombre que venía de frente, amparado en un arco o portal gigantesco, en una conjugación de culturas de El Líbano y la Patagonia, para rendir homenaje a lo que el hombre significaba y significa, poderoso mensaje que parece cada vez más actual, más inquietante, más movilizador.

El obispo Virginio Bressanelli bendijo el monumento, y recordó aquel mensaje impactante del discurso inaugural del primer gobierno de Sapag, en la Legislatura, en 1963, cuando todo, o casi todo, estaba por hacerse.

Después, el hijo de aquel hombre inaugural, el actual diputado Luis Sapag, lo recordó con emoción y acierto, e incluso se permitió revelar un enfoque inquietante del por qué de la ideología política peronista de su padre, al vincularla con su genética árabe, una cultura que incluye a todos, y que, dijo, trasladó a su manera de hacer la política aquí, es decir, que nadie quede afuera, anticipo de lo que ahora se llama inclusión, y que por cierto no es un invento de estos tiempos posmodernos.

Y el tercer orador fue el intendente capitalino, Horacio Quiroga. El Intendente resaltó la estatura de prócer de Felipe, se congratuló de haberlo conocido, y enfatizó la importancia de encontrarse desde sectores políticos distintos para reconocer la huella dejada por el cinco veces gobernador de la Provincia.

De a poco, todos se fueron yendo, después de pasado el espectáculo, y las fotos previsibles, cada uno por su rumbo, en la inevitable diáspora que sigue a toda conjunción.

El hombre, caminando siempre, siempre avanzando, quedó solo allí, en el bulevar, como tantas veces lo hizo en vida, en la soledad inquietante de quienes toman decisiones para los demás, buscando aportar algo para el común, un poco de futuro, de esperanza.

 

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