Gobierno de la Provincia del Neuquén

Momento importante

Desde el principio de la gestión, el presente es el momento más importante para el gobierno de Omar Gutiérrez. En esta semana, confluye el conflicto docente, con la reunión de gobernadores con Rogelio Frigerio por el reparto nacional, con la crisis petrolera y las presiones directas e indirectas para definir nuevos precios del gas, en un ida y vuelta que incluye la posibilidad de definir el nuevo destino político que se imagina para YPF.

Neuquén tiene que ver con muchas cosas, pero en estos días significa mucho precisamente por la cuestión petrolera. El contexto económico ha ubicado el tema en el primer plano: con alta inflación y a punto de concretar la movida mayor inicial del gobierno de Mauricio Macri –el acuerdo con los holdouts, que necesita el voto en el Congreso para derribar la ley cerrojo- la cuestión energética está directamente relacionada.

El gobierno neuquino es muy conciente de sus necesidades, obviamente, y también del rol importante que juega en esta coyuntura. Por eso, hace la histórica del MPN: con un costado de la boca le sonríe al gobierno nacional, y con el otro, le muestra los dientes con gruñido incluido. Gutiérrez no duda, y así lo ha expresado, en respaldar el acuerdo con los buitres y las medidas contra la inflación. Pero quiere ya el aumento en los precios del gas. De paso, mayor cuota de participación en las decisiones energéticas, que pasan por YPF en gran medida, y definen no solo una situación económica en tiempo de crisis de la industria, sino también (y fundamentalmente) una cuestión social.

Neuquén ofició, en los principios de este año y con pocos días de gestión de los nuevos mandatos, como dique de contención a la desmesura conflictiva de los petroleros del sur de la Patagonia. Chubut y Santa Cruz amenazaban con incendiar el país, ante la caída del precio del petróleo, y su repercusión directa en reducción de la actividad y menor cantidad de puestos de trabajo. En ese momento, el senador Guillermo Pereyra, de acuerdo con el gobierno de Gutiérrez, ratificó que continuaría al mando del sindicato de Neuquén, Río Negro y La Pampa, trabajó y consiguió un acuerdo que introdujo la noción del preventivo de crisis homologado por el ministerio de Trabajo: suspensiones rotativas antes que despidos, jubilaciones, fin de horas taxi, control del ausentismo. En fin: contribuciones compartidas para aguantar la crisis. Se firmó por 90 días, no por la eternidad, sabiendo que en el medio las coyunturas se agitarían, pero además, se constatarían movimientos, gestos, conductas, respecto de los compromisos contraídos.

El tiempo empezó a correr, con la zanahoria de ajuste para arriba de los precios del gas, tanto en las tarifas como en lo que se paga en boca de pozo a la producción. El compromiso era un sendero de precios ordenado, para obtener un promedio que inicialmente se fijó en 5,80 dólares el millón de BTU, y después fue reduciéndose un poco, en función de que los precios del gas comenzaron a caer en todos los mercados, de manera dispar pero continua, y se tuvo la certeza de que se podría importar más gas de Bolivia a menor costo, siempre con el techo, claro, de la capacidad de transporte, ya que la medida de la cantidad la ponen los gasoductos existentes.

Pereyra, Gutiérrez, y aún el ministro de Energía de la Nación, Juan José Aranguren, y el propio CEO de YPF, Miguel Galuccio, sostuvieron en todo este tiempo que el camino era alentar la mayor producción de gas, que se necesita imperiosamente en el mercado interno, y que esto convenía apresurarlo lo más posible, antes que llegara el invierno y la mayor demanda.

Así las cosas, nunca YPF fue un adversario en esta situación. Hasta que los tiempos políticos comenzaron a urgir de otra forma, más imperiosa. Entonces Neuquén introdujo un cambio, que se evidenció esta semana: mayor presión. Coincidentemente con la publicación más o menos explícita de los números que mensuraban la magnitud de la crisis, se difundieron los resultados de la petrolera estatal, con 50 por ciento de caída en sus ganancias. Nada raro, teniendo en cuenta la situación internacional de la industria. Pero en Argentina, todo se distorsiona, se magnifica una cosa tanto como se hace desaparecer otra.

Es muy evidente que desde la política se considera el reemplazo de Galuccio, y que esta situación influye. Es también muy evidente que Neuquén advierte indirecta o directamente (sea que hable Gutiérrez o Pereyra) que si no se consideran sus reclamos, la situación empeorará, y el dique que se levantó en una semana se puede derrumbar en un día. Sin Neuquén como moderadora, la crisis petrolera podría traducirse rápidamente en un conflicto serio e incendiario. A Macri, por supuesto, no le conviene. A nadie, en realidad, le conviene. Pero mientras tanto, el fantasma de una nueva Patagonia Rebelde (no usemos la palabra trágica, que ya se ocultó en la década del ’70, cuando se estrenó la película sobre el libro de Bayer) se agita, y mete miedo en las estructuras, aun timoratas, del nuevo gobierno nacional, que depende de los gobernadores y de sus precarias alianzas en el Congreso.

YPF, en buena medida, es el elemento catalizador en esta situación. Se verá de qué color se pone. Por lo pronto, este fin de semana se puso rojo, enojado. Los representantes de la empresa decidieron no ir al gran premio de TC que se corrió en el autódromo neuquino. No pudieron ni quisieron digerir el potente grito insonoro que se levantó de la Casa de Gobierno por el solo hecho de lo que implicó la reunión entre Gutiérrez, Pereyra, Arévalo (de Petroleros Jerárquicos) y referentes de pequeñas y medianas empresas de servicio del sector. En este caso, las palabras no significaron tanto como el gesto. Es un momento clave, importante. Hay mucho en juego.

El gobierno neuquino, mientras tanto, confía en llegar a un acuerdo con los docentes, que decidieron otro paro de 48 horas y una serie de picardías para prolongarlo otro día. Es una mecánica deplorable, pero es lo que hay, como habitualmente se dice en Argentina. La oferta del gobierno no está muy lejos de lo que realmente aspira, con medida de lo posible, el gremio que conduce Marcelo Guagliardo. El acuerdo llegará, pero la situación escolar neuquina seguirá con muchas taras encima. El trabajo político, en este rubro de la cuestión, deberá persistir, y esto lo sabe (o debería saberlo) tanto el gobierno como la oposición al gobierno. No se puede conseguir una mejor provincia (y un mejor país) con ignorantes diplomados.

Rubén Boggi

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