Gobierno de la Provincia del Neuquén

Lo que puede pasar en octubre

Empieza octubre. Es el último tramo de la coyuntura electoral del año. Hay dos características que aparecen como centrales: la concentración de mayorías en no más de tres sectores políticos; y la asunción por parte del MPN de que la mano en las urnas este año vino y sigue brava, lo que lo hace planificar pensando ya en el 23, el día después, que probablemente alumbrará un fuerte blanqueo de su situación interna tanto como un enérgico golpe de mando de quienes tienen la obligación de conducir.

Lo que las PASO mostraron –reparto de votos en cuatro fuerzas, Cambiemos, MPN, Unidad Ciudadana y Frente Neuquino- fue nada más que el esbozo de los principales contendientes. Ahora, ya en el tramo final, se observa una mayor precisión. Por un lado, en las nacionales, la polarización Macri-Cristina, que ha fortalecido tanto a Cambiemos como a Unidad Ciudadana, mientras que el MPN queda acotado a sus propias fuerzas y a su mensaje provincialista, como ya le ha sucedido muchas veces en los comicios de medio término. Por el otro, en la elección municipal capitalina, la fuerza del oficialismo de Cambiemos, frente a un embate del MPN que no ha terminado todavía de convencer, y a una presencia fuerte de Unidad Ciudadana.

Así, puede evaluarse como posible y de hecho aparecen como destacados en la competencia nacional, los candidatos David Schlereth, Chani Sapag y Darío Martínez; mientras que parece haber perdido terreno Ramón Rioseco, con el Frente Neuquino, respecto a su propia performance en las primarias. En la local, las listas de candidatos a concejales aparentemente preferidas por los electores muestran en principio una equivalencia con el semblanteo nacional, con las lideradas por Guillermo Monzani, Alejandro Nicola y Marcelo Zúñiga; y aquí puede estar la sorpresa pues, más allá de los beneficios del sistema D’Hont, la cantidad de electores necesarias en el distrito capitalino puede jugar para que las minorías no lleguen a meter un concejal en estos comicios de medio término.

Tal como se presentan las cosas, si se mantiene la tendencia actual es probable que el oficialismo capitalino refuerce la cantidad de bancas. Y podría darse la novedad de que vuelva el peronismo a tener representación, que había perdido en 2015, a expensas de otros sectores que están amenazados con una perspectiva de extinción, al menos en el corto y mediano plazo.

El panorama descripto es bien conocido por los principales dirigentes políticos neuquinos, pues la realidad se maquilla para afuera, nunca para adentro. Por eso en el MPN se prepara la post-elección, al mismo tiempo que se esfuerza el partido provincial para sostener el empuje necesario que le permita hacer la mejor elección posible en los dos frentes en juego. Las post elección mostrará dos grandes sectores, más polarizados que antes en su enfrentamiento: el pro-Macri, vinculado a la necesidad de gestión con un Presidente que puede salir reforzado de los comicios del 22; y el anti-neo-liberalismo, que se refugia en las convicciones neo peronistas del origen partidario como fundamento, pero que en la práctica encauzará a quienes planifican dar batalla interna en el 2019.

Así, sucederán muchas cosas en noviembre, y otras más antes de fin de año, en este MPN protagonista como gobierno de una etapa fundamental de la vida económica neuquina, con Vaca Muerta que puede dar otro salto a partir de la consolidación del precio del gas en 2018. Por eso se sigue atentamente cada señal, que es magnificada todo lo que se puede. Así es por ejemplo con la foto que mostró Lucila Crexell, con Guillermo Pereyra, en la Oil & Gas que se hizo en la Rural de Buenos Aires. El cariñoso gesto sugiere muchas cosas en política, más allá de la espontaneidad del caso. Tanto como las reuniones (protocolares…) que hubo entre el senador nacional y el vicegobernador Rolando Figueroa, y después, de Figueroa con el hijo del senador, el presidente de la Fundación Conygriega, Martín Pereyra.

Pereyra, en este caso, es una pieza fundamental para la coyuntura. Es el eslabón natural entre el gobierno provincial, el nacional, las empresas, el sector laboral del petróleo. Tiene un peso específico monumental. Recuperado plenamente de la intervención quirúrgica, ya sin carcinoma amenazante en su organismo, a Pereyra se lo ve pleno. Acaba de inaugurar la ART gremial, una invención propia, y avanza en la construcción de la “ciudad sanitaria”, un complejo de salud, frente al aeropuerto capitalino, que superaría todo lo existente en salud privada en Neuquén y Río Negro.

Pereyra ha superado, al menos por ahora, los cuestionamientos hacía su fortuna personal y los negocios vinculados que se le atribuyen, y la realidad es que parece lejos de “Pata” Medina o “Caballo” Suárez, los dos poderos gremialistas caídos en desgracia, tanto política como judicialmente, en los últimos tiempos. Entre otras cosas, porque ha sabido manejarse políticamente con mayor habilidad, y ha sabido precisamente ser importante cuando las coyunturas del poder lo ameritan. Lo ha hecho, en buena medida, gracias a su pertenencia al MPN, un partido ubicuo, ambiguo en cuanto a definiciones tajantes, que se ha sabido manejar con todos los gobiernos nacionales, incluyendo este, lo que no es poco considerando que viene de manejarse muy bien con el anterior, el de Cristina Fernández.

Por supuesto, el MPN post-elecciones verá redoblar una apuesta. Es la del gobernador, Omar Gutiérrez. El mandatario aumentó la intensidad de su gestión, tanto como la planificación para los dos años que vienen. Su equipo será renovado, parcialmente. Los objetivos, clarificados. Y el mando será más contundente. Es algo que se ve venir, que, como se dice vulgarmente, se cae de maduro. Inevitable proceso en el MPN, cuando se huele al mismo tiempo dos cosas: un renacimiento económico, junto con la perspectiva de poner en juego otra vez el gobierno de la provincia, que ahora, más que nunca, es el gobierno de Vaca Muerta.

Rubén Boggi

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