Gobierno de la Provincia del Neuquén

Lluvia y política

En uno de los años más húmedos de los últimos tiempos en Neuquén, se ha reforzado una poco usual conexión entre la meteorología y la política, e instalado nuevamente un tema persistente y con pocas soluciones: el del escurrimiento del agua, los drenajes, los desagües.

El epicentro de la cuestión se verifica en el Deliberante capitalino, una usina de promoción de ideas y cuestionamientos, mucho más en tiempos electorales. Si bien no es nueva, la presión por las obras que “no se ven” porque quedan bajo tierra una vez realizadas, aumenta. Sobre todo, desde el lado del MPN.

El concejal Osvaldo Llancafilo lidera en estos días el tema, con el anuncio de una exigencia concreta: se le pide al gobierno de Horacio Quiroga que incluya obras al respecto ya, en el presupuesto que debería presentarse para el 2015 antes del fin de este mes.

“Neuquén está de pie, pero cuando llueve no puede caminar”, ha dicho el concejal, que con la práctica afila cada vez más su lengua.

Razones no le faltan: es absolutamente cierto que la ciudad no soporta lluvias intensas, aunque sean de escaso volumen final. Siempre ha sido así, pero cada vez es un poco peor. Según los expertos serios (un poco más serios que la liviandad opinante general), el fenómeno se agudiza no por el meneado “cambio climático”, sino por el mismo crecimiento urbano.

En efecto, se afirma que confundir un año más húmedo que los anteriores con el “cambio climático” es una grosería científica. El cambio del clima es lento, gradual, planetario, y se mide en muchas generaciones humanas. No es posible verificarlo de un intendente a otro, como a algunos les parece gustar hacer.

La iniciativa de Llancafilo, más allá de las consideraciones generales, no solo es oportuna políticamente para su sector, sino también importante para considerar seriamente, con búsqueda de consenso objetivo, para que haya realmente una agresivo plan que parta de admitir los desniveles urbanos neuquinos, la pendiente interrumpida de la barda, los asentamientos en lugares inestables, la pretensión de construir para arriba sin tener en cuenta lo que pasa por abajo.

Para llevar adelante un plan en tal sentido, es evidente que hará falta mucha inversión, más que la puede dar el presupuesto municipal. El mismo Llancafilo propone salir a buscar financiamiento en el Estado provincial, el nacional, y los organismos internacionales de crédito.

Esto ya se hizo en Neuquén capital, y también durante un gobierno de Quiroga. Era aquel que coincidió con el gobierno de la Alianza efímera protagonizada por Fernando de la Rúa y Chacho Álvarez. Se había tramitado entonces créditos internacionales por unos 40 millones de dólares para un plan pluvioaluvional integral para la ciudad, previendo que seguiría creciendo y agravándose los problemas.

El crédito internacional no vino, enterrado por la crisis, el mega-canje, la caída del gobierno, el default.

La situación actual no es igual, pero es parecida. El gobierno de Quiroga no ha conseguido siquiera el aval del gobierno nacional para emitir bonos de financiamiento de obras por 200 millones de pesos, una cifra que encoje cada día que pasa, sometida a una escandalosa inflación de la que nadie parece hacerse cargo.

No vale como excusa, pero será difícil en este contexto político-económico, con Vaca Muerta amenazada también por la misma causa, y el futuro condicionado a los vaivenes locos de la política nacional, lograr que cuatro gotas locas obliguen a los neuquinos a meter las patas en el agua, no por celebración popular, sino por lógica irrefutable, como consecuencia de los daños colaterales del crecimiento.

Rubén Boggi

 

 

Publicar comentario

Debe estar autenticado para publicar un comentario.

www.neuquen.com © 2017 Todos los derechos reservados