El Cristo que atraviesa la montaña y abraza el paisaje patagónico

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Los 52 metros de largo y 42 de ancho de la imponente escultura, “Cristo Luz”, que se ubica en la ladera del Cerro de la Cruz de la localidad neuquina de Junín de los Andes, es el punto culminante del itinerario religioso y turístico “Via Christi”, obra del arquitecto, escultor y artista plástico, Alejandro Santana.

El efecto sobre el visitante es de un impacto visual y espiritual inigualable cuando, luego de recorrer los casi 2 kilómetros de un camino en zigzag sobre la ladera, que separa la cruz que le da nombre al cerro y la monumental escultura.

Se trata de una imagen tridimensional de un Cristo renaciendo de la naturaleza, realizado en hierro y vidrio laminado, que en su interior posee un anfiteatro con capacidad para 100 personas.

Este recinto, al que se puede ingresar por la nuca de la escultura o por la herida del costado, tiene una altura de 10 metros en su punto más alto.

“Esta escultura representa una figura que atraviesa la ladera del cerro y que está en comunión con la mirada que los pueblos de América tienen sobre la Pachamama o Madre Tierra”, explicó Alejandro Santana en diálogo con Télam.

La escultura, que se ilumina por la noche generando un efecto hipnótico, domina desde las alturas la ciudad de Junín de los Andes, conocida por la espiritualidad que le otorga ser también sede de los santuarios a la beata Laura Acuña y a Ceferino Namuncurá.

Desde lejos se observa asomar del cerro la erguida cabeza gigante del Cristo Luz, sus brazos y manos extendidos abarcando el paisaje patagónico, y una pierna que le otorga ese efecto de atravesar la roca para presentarse a los mortales.

La figura es el punto culminante de una obra que comienza 3 kilómetros más abajo, en la base del cerro, donde se encuentra el ingreso al Parque Vía Christi e inicia el sendero ascendente.

En ese recorrido de 2,7 kilómetros hasta el Cristo Luz, se muestra un total de 23 estaciones que cuentan la vida, muerte y resurrección de Cristo encarnado en la realidad de todos los pueblos y todos los tiempos.

Las estaciones están realizadas en hormigón sobre un solado de 12 metros de diámetro con diferentes diseños de culturas precolombinas del Noroeste argentino, donde se entremezclan figuras de personajes contemporáneos, del hombre común, y de divinidades de todos los credos.

El lema del parque es “Padre que seamos UNO”, y está dedicado a la unión de culturas, con mucha presencia de las originarias de América del sur, principalmente la Mapuche, que es la predominante en la zona, junto a paralelismos con la historia contemporánea del continente.

Esta obra gigantesca, en su sentido artístico, patrimonial, espiritual y turístico, está abierto al público de 9 a 20, durante el mes de diciembre, y de 8.30 a 20.30 en los meses de enero y febrero.

Para los turistas extranjeros el precio es de 400 pesos por día, mientras que los nacionales tienen una bonificación del 50 por ciento, los residentes provinciales el 60%, los estudiantes de nivel medio y superior, jubilados, pensionados y mayores de 65 años y grupos de más de 10 personas una bonificación 75 por ciento.

En tanto que los residentes de Junín de los Andes, personas con discapacidad con un acompañante, menores de 12 años inclusive, sacerdotes y religiosas, no pagan ingreso.

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