Gobierno de la Provincia del Neuquén

En medio de fuerte convulsión política, indagan en amenazas a Nisman

La fiscal Viviana Fein investiga la muerte de Alberto Nisman. Dice que no hay dudas de que el fiscal de la causa AMIA se disparó en la cabeza con un arma calibre 22. Pero que eso no da la certeza de esclarecimiento de lo sucedido. Caratuló la muerte como “dudosa”. Y no descarta una instigación al suicidio.

Alrededor de la investigación de la causa político judicial más estremecedora y penosa de los últimos años en el país, se escucharon durante todo el día voces admonitorias sobre lo que acontece en las instituciones argentinos. Las sospechas saltaron de la abierta caja de Pandora. La bala que mató a Nisman no quedó allí, siguió corriendo, rompiendo a su paso las pocas certezas que quedaban.

Pocos creyeron la primera versión echada a correr desde algún rincón celestial del kirchnerismo. Esa interpretación que dice que Nisman se suicidó porque se había dado cuenta de que no tenía fundamentos para sostener las acusaciones que había hecho. La historia planteada fue arrasada desde el sarcasmo hasta los modos más violentos del lenguaje por una mayoría impresionante. La sensación que prevalecía en las horas finales de este lunes trágico era la de no creer en nada que viniera del oficialismo. Palabras como “mafia”, “instigación”, “amenazas” se instalaron con fuerza.

Parece ser que la sociedad argentina no aceptará fácilmente ninguna resolución apresurada sobre este caso. El fiscal Nisman rebosaba confianza y optimismo horas antes de su muerte. Se tornaba prácticamente fantasioso concluir ese estado de ánimo con un desesperado disparo en la sien en la soledad del baño de su departamento. Sin saber, solo con deducir, hubo una tendencia a la elucubración de una teoría maquiavélica: alguien presionó, amenazó, instigó. Y Nisman sucumbió para salvar algo. ¿La familia? ¿Su propia historia? Quién sabe. Nadie sabe nada, pero al mismo tiempo nadie cree ya en nadie.

Las instituciones democráticas argentinas están sometidas a la bala disparada por Nisman. La bala sigue corriendo, perforando confianzas, alimentando el odio del descreimiento. Tendrán que hacer algo que pomposas declaraciones, que alimentar el ingenio del lenguaje para calificar situaciones catastróficas. Tendrán que producir un hecho concreto que esclarezca lo de Nisman, y junto con ello, lo de la AMIA, y junto con estas dos cosas, la negra historia nunca contada en más de 20 años sobre la terrible corrupción culposa de Argentina. (R.B)

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