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El Papa Francisco hizo historia en Washington

El Papa Francisco protagonizó otro hecho histórico este jueves, al convertirse en el primer pontífice en hablar frente al pleno del Congreso de los Estados Unidos, y pronunciar un enérgico y claro mensaje sobre la migración y los derechos humanos.

Alrededor de las 9.20 (10.20 en la Argentina), el Papa ingresó al Capitolio, donde fue recibido por el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner, el principal artífice de su presencia allí. “Su Santidad, bienvenido, realmente me alegra que haya venido”, dijo el legislador republicano, uno de los 81 legisladores católicos de ambas cámaras, visiblemente emocionado.

“Queridos amigos, estoy muy agradecido por la invitación para dirigirme a esta sesión conjunta del Congreso en la tierra de los libres y el hogar de los valientes”, dijo el Papa al tomar la palabra, en inglés, citando un pasaje del himno nacional estadounidense.

“Me gustaría pensar que lo han hecho porque yo también soy hijo de este gran continente del cual hemos recibido tanto y al que tanto compartimos una responsabilidad común”, dijo.

Francisco dijo a los legisladores que “están llamados a defender y preservar la dignidad de sus ciudadanos en la incansable y demandante búsqueda del bien común, porque ese es el fin primordial de toda la política”.

“La actividad legislativa se debe basar en el cuidado de la gente”, continuó el Papa, quien comparó trabajo de los legisladores con el de Moisés. “Sean como Moisés, hagan leyes justas y dignas”, instó.

En otro fragmento, el papa Francisco advirtió hoy que “ninguna religión es inmune a diversas formas de aberración individual o de extremismo ideológico”. “Esto significa que debemos estar particularmente atentos a toda forma de fundamentalismo, tanto religioso como de otro tipo”, agregó.

“Combatir la violencia perpetrada bajo el nombre de una religión, una ideología, o un sistema económico y, al mismo tiempo, proteger la libertad de las religiones, de las ideas, de las personas requiere un delicado equilibrio en el que tenemos que trabajar”, expresó el Papa, ante un Congreso en silencio.

“Sabemos que en el afán de querer liberarnos del enemigo exterior podemos caer en la tentación de ir alimentando el enemigo interior. Copiar el odio y la violencia del tirano y del asesino es la mejor manera de ocupar su lugar”, subrayó.

En una de las frases más fuertes del discurso, el Papa afirmó que Estados Unidos sigue siendo “una tierra de sueños” y, al abordar el tema de la inmigración -que genera fuertes disputas en el Congreso-, dijo: “Nosotros, las personas de este continente, no les tememos a los extranjeros, porque la mayoría de nosotros fuimos alguna vez extranjeros”. La mayoría de los legisladores respondió con un fuerte aplauso de pie.

 

En ese sentido, el Papa les pidió a los legisladores “no dar nunca la espalda a los vecinos”, cuyos derechos “no siempre fueron respetados”.

“Les hablo como hijo de inmigrantes”, recordó el pontífice, quien aludió a los extranjeros que en tiempos pasados, “bastantes convulsos y sangrientos”, llegaron a lo que hoy es Estados Unidos, pero afirmó: “es difícil enjuiciar el pasado con los criterios del presente”.

“Sé que muchos de ustedes también son descendientes de inmigrantes”, reforzó Francisco, y luego habló sobre la crisis de los millones de refugiados que huyen de las guerras y el hambre en Medio Oriente.

“Nuestro mundo está enfrentando una crisis de refugiados con una magnitud que no se había visto desde la Segunda Guerra Mundial. Esto nos trae desafíos y muchas decisiones difíciles. No es esto lo queremos para nuestros hijos. No nos deben sorprender las cifras, sino más bien verlos como personas, ver sus rostros y escuchar sus historias, tratando de responder de la mejor manera a su situación para que siempre sea justa, humana”, dijo al respecto.

“Recordemos la regla de oro: «Hagan con los demás lo que quieran que hagan con ustedes». Tratemos a los otros con la misma pasión y compasión con la cual quisiéramos que nos traten”, destacó.

“La regla de oro también nos recuerda la posibilidad para defender la vida humana en cada etapa de su desarrollo. Esta convicción me ha llevado a apoyar desde el principio de mi papado por la abolición de la pena de muerte. Estoy convencido de que esto es la mejor forma de proteger cada vida sagrada”, dijo, respecto de su postura sobre el aborto y la pena de muerte, permitida en varios Estados de Estados Unidos.

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