Gobierno de la Provincia del Neuquén

El desafío de la Fiesta

Hubo mucha satisfacción política en el gobierno capitalino por el resultado de la cuarta edición de la Fiesta de  la Confluencia, por la masiva participación del público y la consolidación que implica la continuidad de una celebración tan joven como ambigua en cuanto a lo que se pretende representar.

Nadie puede negar el éxito de la convocatoria. La organización de una fiesta con entrada libre y gratuita, en un escenario especialmente acondicionado como es la Isla 132, ha probado ser una excelente elección, como así también, la eficacia de una determinación política que fue necesaria para llegar a este punto de madurez del acontecimiento.

“Esta edición ingresará en la historia de la ciudad. No sólo por la masividad de la convocatoria sino porque confirmó de manera definitiva que los neuquinos ya se apropiaron del evento y lo hicieron suyo”, destacó, exultante, el intendente Horacio Quiroga.

Sin duda que es así, y que probablemente la Fiesta ya está instalada, y será continuada por cualquiera sea el gobierno municipal que le siga a la cuarta gestión de Quiroga.

Sería apropiado incorporar a la Fiesta una mayor definición de identidad. Nació, como se sabe, invocando la confluencia de los ríos Limay y Neuquén, y el significado de tal elementalidad geográfica en la vida y obra de quienes aquí se han afincado, para desarrollar entre todos una ciudad cada vez más grande, profusa en crecimiento, corta de historia, plena de contradicciones y contrastes, tanto como de pujanza y ganas de ser cada vez mejor.

Esta identidad, esta búsqueda ansiosa de identidad, deberá comenzar a reflejarse no solo en la amplia y generosa convocatoria –que es respondida con igual generosidad por la gente- sino también en la planificación artística de lo que se pone sobre el escenario. Es probable que haya que imaginar al menos una de las noches con contenidos que dejen instalado el mensaje de identidad que la Fiesta misma invoca como justificación de su existencia.

Si no, se correrá el riesgo de otras fiestas, como la de la Manzana, que comenzaron con el objetivo de destacar una cultura, un modo de producción, una actividad con fuerte raíz económica y social, y terminaron en la ausencia total de alusiones a su propio sentido, para ser nada más que una ocasión de mostrar estrellitas fugaces del espectáculo, y armar un festival de alegría impostada, en medio de una realidad que pelea por ser mostrada, también a nivel artístico, como debería ser, no solo aquí sino en todas partes (R.B).

 

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