Gobierno de la Provincia del Neuquén

Contaminación y política

Un nuevo round de la pelea política con trasfondo de ríos contaminados se vivió este martes en Neuquén, cuando Horacio Quiroga, del lado de Cambiemos, se desembarazó de culpas y responsabilidades; y Alejandro Nicola, del otro, desparramó autoelogios hacia la historia de inversiones en obras de su partido, el MPN.

Mientras Quiroga hacía lo suyo y Nicola se desvivía en contestar por cuanto medio le diera un  micrófono, los ríos seguían recibiendo toneladas de desechos sin tratar. Pareciera que esto no importara más que para buscar culpas o responsables, pero no es solo la aplicación de la política a los temas urgentes.

Quiroga, que habló con este periodista un poco casualmente, durante una recorrida por obras de asfalto, no hizo más que reiterar cosas que ya había dicho: que la Municipalidad no se hace cargo de lo que es responsabilidad del EPAS, de Recursos Hídricos, y aún de la AIC, y del Estado nacional. Es decir, la contaminación lenta, gradual, pero incesante, de los otrora límpidos ríos patagónicos.

Tal vez porque el MPN en este momento es una ardiente caldera que propicia el fuego del año electoral, hubo una avalancha emepenista contra los dichos del Intendente, como si fueran recién proferidos, inaugurados en esta ocasión, y no una mera letanía, un eco casi infinito de anteriores declaraciones.

Entre todos, descolló Nicola, revitalizado en las últimas semanas y enaltecido en medio de los vaivenes internos. El  ministro disparó desde distintos lugares, pero el más significativo fue el de la recorrida por la planta de tratamiento en construcción y casi finalizada en Centenario. Una obra que permitirá (por fin…) reducir la descarga sobre el río Neuquén. Una obra que debería haberse hecho hace no menos de 20 años.

Lo que importa, en la coyuntura, es marcar la cancha desde la retórica política. Lo interesante es que esta, por sí mismo, no cambia la realidad, sino que apenas la interpreta, con una intención clara, que es la de ganar los comicios del año. Es legítimo, dentro de esta lógica. No obstante, no debería perder de vista, quienes confrontan, que la solución deberá ser necesariamente revolucionaria.

De otra manera, los ríos seguirían enfermos. Y con los ríos, los habitantes humanos de esta supuesta tierra bendecida.

Rubén Boggi

 

 

 

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