Gobierno de la Provincia del Neuquén

Conmovió el nieto de Carlotto en su primera aparición pública

Ignacio Hurban, o Guido Montoya Carlotto, le hacía falta a la sociedad argentina. Este viernes, en su primera aparición pública como el rutilante nieto recuperado 114, derramó sobre quienes lo miraban y escuchaban un mensaje casi inédito, inusual, casi ausente de nuestros modos políticos.

Un mensaje lleno de sencillez, de aplomo, de amor. Un mensaje sin odio.

Le hacía falta a la sociedad argentina salir de las palabras hechas, de la ideología impostada, de la repetición constante. Este hombre, que tocaba el piano y comía bizcochitos, cuando recibió la llamada confirmando que era el nieto largamente buscado de la presidente de las Abuelas de Plaza de Mayo, se limitó a hablar con sinceridad, a decir lo que de verdad piensa y siente.

Con esa simple actitud, ha llegado al corazón de los argentinos, con un hálito fresco. Ver y escuchar al muchacho-hombre de Olavarría ha bastado para sentir un indicio de satisfacción, tal vez por vez primera, frente a una historia de horror, de sufrimiento, de injusticia flagrante.

Ignacio, ó Guido, reunió estas dos personas que estaban separadas por el artero ocultamiento de la verdad. Fue una pequeña victoria en medio de la derrota, dijo. Lo que más me gusta es ver la felicidad en los demás, dijo. He tenido una vida muy feliz, y ahora sumo esta otra felicidad, dijo.

Palabras simples. Palabras reconfortantes. Palabras que suenan a verdad.

Algo que hacía falta, mucha falta. Por eso, tal vez, todos estamos un poco más contentos.

 

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