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Brasil, en un épico partido, superó a Chile por penales

Un palo le negó la victoria en el alargue. Otro palo, lo hundió en la derrota de los penales. Chile jugó su chance hasta el final, pero el que pasó a cuartos fue Brasil. Solo tanto sufrimiento puede justificar tanto goce. El país organizador superó su más serio obstáculo, y la celebración fue tremenda.

Pinilla había tenido el triunfo, en una deslumbrante jugada ya sobre el final del final, cuando las piernas no daban para más y el gran Gari Medel había tenido que dejar la cancha, con lágrimas en su fiero rostro. El disparo dio el en el travesaño, congeló las gargantas de millones de brasileños, se metió en la historia de las casi victorias.

Hubo que ir a los penales. Julio César atajó dos. Bravo atajó uno. Willian tiró uno afuera. No podían salir del eterno empate. Fue Neymar: el primer penal ejecutado a sangre fría, la sangre engañosamente fría de un dotado. Y fue Jara. Había que meterla adentro. Pero el remate dio en el palo. La pelota rebotó. Chile quedó afuera por ese instante. Brasil explotó en el mismo momento. La angustia se hizo líquida, se esfumó por el fácil olvido de los triunfadores.

Todo el partido fue una obra monumental de las más inolvidables batallas del fútbol de la historia. El uno a uno de los 90 minutos fue casi una anécdota. Atrás habían quedado el gol de David Luiz, el de Alexis Sánchez. Atrás la épica entrega de Gari Medel, quien jugó desgarrado y aguantó casi hasta el final.

Pasó Brasil, sin que le sobrara nada. Quedó Chile, que dejó el alma en la cancha. Los de Sanpaoli podrán retornar orgullosos. Los de Felipao tendrán unos días para recuperarse y seguramente enfrentarán al próximo rival con el espíritu fortalecido, porque han pasado por ese lugar donde los hombres se hacen más duros, más templados, más enteros.

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