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Boca terminó el torneo con un discreto empate ante Gimnasia

Boca terminó el torneo con el estreno oficial de la camiseta rosa y un discreto empate ante Gimnasia, 1 a 1, en una Bombonera que lo despidió con fuegos de artificio y aliento esperanzador, se supone que por una mejora en el próximo campeonato.

Por fin llegaron las vacaciones. Ese pareció el concepto más utilizado para explicar lo que viene. Se supone que con tiempo y sin competencia en el medio, Bianchi tendrá tiempo de recuperar lesionados, seguir armando el equipo, encontrar un funcionamiento un poco más exigente, más concentrado.

Gimnasia, sin ser mejor, fue más efectivo que Boca, y de hecho tuvo ocasiones claras para desnivelar el partido y sacarlo de la condena del empate. El equipo de Troglio es aguerrido y rápido en el ataque. Así consiguió el primer gol del encuentro, con una arremetida de Mussis aprovechando una pifiada de Pereyra que simuló ser un pase, encarando el arco y sacando un furibundo remate que se coló por arriba de Orión.

Boca buscó el empate, claro, pero sin claridad, sin un juego ordenado. Igual el empate le llegó de una jugada casual, en la que Gago metió una pelota que encontró a Insúa creyendo que estaba adelantado, que igual siguió sacando un tibio centro-tiro al arco que el arquero Monetti, tan desconcentrado como los demás por la rara jugada, manoteó para adentro y para abajo, contra todas las indicaciones del manual del buen arquero. Y Gigliotti, que estaba ahí como siempre (empeñoso en meterse adentro del arco) la pudo empujar con una también extraña pirueta.

Era gol, era el empate, y recién pasaban los cuatro minutos del segundo tiempo. Sin embargo, Boca no fue un aluvión, sino apenas una brisa desprolija. Bianchi acertó metiendo a Méndez por Marín, y el equipo encontró algo más de agresividad por la derecha, asociando también al otro cambio, Fragappane.

Sin embargo, cada pelota perdida en el medio era un ataque profundo de Gimnasia. Un par de jugadas adelantadas favoreció a Boca para no encontrarse de nuevo en desventaja. El partido terminó, entre el agobio del calor, el desgano de los jugadores y el fervor inflado de una hinchada que parece en otra dimensión, en el mundo de las utopías, apostando a un futuro impredecible.

 

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