Gobierno de la Provincia del Neuquén

Bloqueo sorprendente

A las seis de este miércoles, los conductores que pretendieron cruzar los puentes entre Neuquén y Cipolletti se encontraron con un nuevo bloqueo. ¿Los productores? Pues no: los responsables del corte formaban apenas un puñado. Una familia. La del asesinado Abel Laurín.

El argumento para la protesta bloqueadora fue que por segunda vez la justicia neuquina se declaró incompetente para investigar el crimen de Laurín. El hecho había ocurrido en febrero, cuando, en el río, Laurín recibió un impacto de bala en la cabeza. Como el disparo habría partido desde la ribera rionegrina, y la víctima estaba en jurisdicción neuquina, comenzó allí la increíble debacle judicial. Aunque parezca mentira, sigue, con una derivación a la Suprema Corte para que defina si se hace cargo la justicia federal.

La familia de Laurín, pues, corta el puente pidiendo justicia. Una justicia que se debate entre razones burocráticas propias del Estado, que no deberían servir para perjudicar el derecho de esa familia a que se establezcan las responsabilidades y se castigue, eventualmente, a los culpables.

Para protestar, los familiares de Laurín protagonizan otro delito, menor, pero delito al fin: cortar rutas es un delito, pues ataca el derecho constitucional de circular libremente por todo el país. Todos sabemos que este delito la justicia lo admite en la práctica, lo tolera, presuntamente para evitar problemas mayores.

Así, el bloqueo de esta mañana de miércoles en los puentes, fue patético. Fue un bloqueo que, aunque sea insólito, lo provocó la propia justicia argentina, que sigue fallando en lo más elemental cada vez que no atiende el derecho de todos los ciudadanos a acceder a ella.

Mientras haya justicia solo para algunos y no para todos, estaremos muy mal en Argentina.

 

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