Gobierno de la Provincia del Neuquén

Basta de contaminar

La noticia más importante del año no tuvo que ver directamente con algo que hicieron los gobiernos, ni con el petróleo, ni con los empleos, ni con la inflación ni el dólar, sino con el ambiente, ese contexto gracias al cual vivimos: fue la confirmación de que el río Limay está contaminado, noticia que a la vez disparó otra certeza, la de que el río Neuquén también lo está, pero en mayor medida.

La capital neuquina está en el centro de esta tragedia ambiental causada por los seres humanos. La contaminación del río, que ya provocó la organización de una marcha para el 7 de enero, sin banderías políticas ni sectoriales, se instalará en la campaña política, aunque ni el oficialismo municipal ni el provincial así lo quieran. Es un tema difícil para los políticos, pues exige soluciones de verdad. No admite barnices ni maquillajes distraídos. Ya tuvo demasiado de esos, y por eso estamos aquí, situados en medio del desastre.

La primera salida política para el tema es difícil de conseguir en un año electoral, mucho más si se tiene en cuenta que pasó un año sin elecciones y también sin que se avance en el tema. Es la redacción y firma de un contrato de concesión entre la municipalidad que gobierna Horacio Quiroga y el EPAS, que administra indirectamente el gobernador Omar Gutiérrez. Municipio y EPAS se la han pasado, los últimos 16 años, jugando un macabro juego de gambetas y toques improductivos. Siguen en la misma: Gutiérrez esperando que Quiroga vaya al pie…y Quiroga, más o menos lo mismo.

Sin un explícito y formal contrato que establezca las reglas de juego, nada podrá hacerse por los ríos. Es la base, pero ahora, tras 16 años de dilaciones, esa base ha cambiado. Necesita de una planificación de obras nuevas, que concreten una idea que va tomando forma en la mente de los más osados y ya llega hasta los más tibios. Hay tecnología suficiente como para dejar de arrojar líquidos y elementos contaminantes a los ríos. Para decirlo directamente: no es verdad ya que sea inexorable usar los ríos como la vía de tránsito que aleje de nosotros nuestras propias heces modificadas. Se le puede buscar otros destinos, incluso productivos, como el riego de tantas tierras infértiles que nos rodean.

El año se terminó con los políticos en funciones sin querer hablar demasiado de esta cuestión. Lo más que se ha hecho es exponer la cantidad de obras en marcha para mejorar. Inversiones con proyectos en común entre el gobierno provincial y el municipal, con plata que pondrá el gobierno de Mauricio Macri. Esas obras mejorarán el tránsito cloacal. Mitigarán los actuales y frecuentes desbordes que atormentan muchos barrios neuquinos. Pero seguirán llevando, incluso con mayor efectividad, esos desechos hacia los ríos. Por más que se siga ampliando la planta Tronador, con módulos que se agregarían incesantemente, no hay destino cierto para el nivel de pureza que se debe defender cuando se habla del Limay y del Neuquén. Es una pureza que hay que recuperar, aunque tengan que invertirse millones de dólares. Para eso está Vaca Muerta, no para seguir alimentando burocracias inconducentes y riquezas en el extranjero.

La actual dirigencia política deberá examinar sus planes para el futuro. De nada servirá construir una Dubai patagónica si los ríos mueren cada día que pasa un poco. De nada servirá la ciudad del millón de habitantes, es más, será improbable si no hay política cierta para el ambiente. De nada servirá exprimir las últimas moléculas de hidrocarburos de las entrañas oscuras de la tierra, si en la superficie el agua se vuelve un caldo nocivo.

Rubén Boggi

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