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Argentina juega la final con Alemania, con Romero como héroe

Argentina llegó a la final. Por los penales. Por Chiquito Romero, que atajó dos. Por Messi, Garay, Agüero, Maxi Rodríguez, que convirtieron. Fue un partido durísimo con Holanda. Un partido de estrategia cerrada, matemático, con final absolutamente emotivo.

Argentina jugó un gran partido. Robben se le escapó a sus marcadores en solo un par de oportunidades. No pudo definir. En una de esas, el enorme Mascherano le tapó el remate en una estirada histórica, que deberá ser recordada como un golazo propio. Argentina tuvo funcionamiento, orden, y oportunidades de gol, más que su rival. Casi al final del alargue, lo tuvo Rodrigo Palacio, y su cabezazo no tuvo la fuerza ni la dirección adecuada para vencer al arquero holandés.

Lo concreto es que el equipo de Sabella fue creciendo a lo largo del campeonato. Cada vez más sólido, más seguro. Da la talla de diferentes rivales. Ahora, en la final, es un partido aparte. Enfrentará al gran candidato, Alemania. Pero llega a ese partido bien templado, filoso, asentado, forjado en la pelea, en la angustia, tanto en la frialdad del razonamiento como en la calentura del corazón.

Romero fue el héroe del partido, porque fueron dos grandes atajadas las que detuvieron los penales de la diferencia para el triunfo argentino. El chiquito se hizo grande. Rompió las estadísticas (nunca había atajado un penal) en el momento justo. Dos atajadas que valieron una final del Mundo.

Otra vez lo destacado fue, sin embargo, el equipo. Es curioso esto, porque los argentinos se han acostumbrado a valorar las individualidades. Que Messi, que Di María, que Agüero. Está muy bien cada uno en lo suyo, pero lo importante ha sido el funcionamiento colectivo. Ese que le fue negado durante toda la larga eliminatoria. El que se consigue o no durante el campeonato.

Al otro día de la tragedia futbolística brasileña, Argentina salió a copar la parada americana frente a los grandes europeos. El domingo, salga pato o gallareta, dejará bien en alto el prestigio del fútbol nacional, ese que nos cuesta tanto defender y mantener en nuestros propios corazones.

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